Crónica de una represión anunciada

Un enorme operativo policial se había desplegado en el centro mientras en el Rectorado ocurría el último adiós a Chicha Mariani. Cuando llegaron los trabajadores de Astilleros, la represión no tardó en llegar. La despedida a la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo terminó en un drama con detenidos, heridos y hasta un manifestante atropellado por un patrullero.



Fotos: María Paula Ávila

Apenas pasado el mediodía Victoria Montenegro, nieta recuperada, salía del sepelio de Chicha Mariani en el Rectorado de la UNLP cuando por avenida 7 se escucharon las primeras detonaciones. Pocos minutos después, Victoria se agachaba a buscar los cartuchos de goma para mostrárselos a la prensa. El cortejo fúnebre avanzaba por la avenida con la presencia de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y,  al mismo tiempo, la policía bonaerense disparaba balas de goma y tiraba gases lacrimógenos a diestra y siniestra contra trabajadores de Astilleros.

Varias columnas de manifestantes habían marchado desde Ensenada hacia el centro de la ciudad en defensa de puestos de trabajo ante la amenaza de un vaciamiento de la empresa. Entonces, se encontraron con un descomunal despliegue de efectivos y una represión que terminó con heridos, entre ellos un manifestante atropellado por un patrullero, y cinco detenidos que en las últimas horas fueron liberados.

La escena no pudo ser más enrarecida: a la vez que una multitud se congregaba en el Rectorado en el sepelio de Chicha Mariani, acercándose hacia el cajón para darle el último adiós, afuera el centro lucía una imagen dantesca, con las calles cubierta de piedras y un humo irrespirable que salía de fogatas hechas con maderas y gomas, que se mezcló luego con los gases lacrimógenos.


Mientras la justicia investiga si los detenidos fueron golpeados en la comisaría, y si además había agentes de civil infiltrados en la manifestación, varios organismos de derechos humanos repudiaron la represión. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) presentó un habeas corpus denunciando el procedimiento "policial abusivo y desmedido".


“A dónde vayan los iremos a buscar”, cantaron cientos de personas en el cortejo fúnebre, entre aplausos y abrazos. En las paradas de micros los manifestantes se cubrían de las balas de goma; madres con niños se metían en locales de ropa para escapar de los gases. Y todo sucedió rápidamente: las corridas, los gritos, el ruido de las detonaciones. Lo que hubiera sido un digno homenaje a una referente de derechos humanos se convirtió en una feroz represión, algo por lo que cientos de Abuelas de Plaza de Mayo lucharon por desterrar.



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