La Doble Ernestina

Hace diez meses y catorce días, cuando detuvieron a su hijo Marcelo Balcedo, Nené no imaginaba que también ella llevaría a las páginas policiales el apellido de la familia. La investigación conjunta de las agencias Pulso y Perycia traza la biografía urgente de la última directora del diario Hoy de La Plata. Presa en su country, la dama de hierro de la prensa platense será investigada para saber si lavó una fortuna en el sindicato que regenteaba su hijo.





Por Laureano Barrera y Ezequiel Franzino
Fotos Nazareno Borrach y María Paula Ávila
Publicada: 20/10/2018


Apenas es 4 de enero de 2018 y la prensa argentina ya tiene la noticia del año. Rodeado de una Glock 9mm, un revolver CTC 38, un fusil réplica calibre 22 marca Colt, ametralladoras con municiones, cocheras con Mercedes Benz, Ferrari, Porsche y 500 mil UDS en efectivo, el secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (Soeme), Marcelo Balcedo, acaba de ser detenido por Interpol en su fortaleza de Piriápolis, Uruguay. La justicia federal del otro lado del Río de la Plata busca pruebas de su participación en el lavado de activos, tráfico interno de armas y contrabando. El caso hipnotiza a la opinión pública: los programas de la tarde muestran “El Gran Chaparral”, una chacra de noventa hectáreas con lagunas artificiales y un zoológico privado donde pastan cabras y corretean ñandúes, llamas y carpinchos, y una fastuosa casona en lo alto de una colina verde. Los televidentes se deleitan con las excentricidades de la familia: los cronistas dicen que Paola Fiege, su esposa, lleva incrustaciones de diamantes en los dientes.También acaba de ser detenida, bajo los mismos cargos que su marido, y pasará cuatro meses y seis días en una cárcel de mujeres hasta que le dicten la prisión domiciliaria y pueda volver a la chacra con sus tres hijos. La historia tiene todos los condimentos y eclosiona en la quietud del verano: un sindicalista platense, dueño de un diario y una radio pero desconocido para casi todos, que vive como el émulo de Pablo Escobar. Todo es vértigo en los sets televisivos por conseguir alguna novedad. En el canal A24, el periodista Tato Young anuncia que están en comunicación telefónica con “la mamá de Balcedo”: Nené. 

 —Myriam, déjeme hacerle una pregunta—, alcanza a decir Tato Young antes de ser interrumpido. 

—Pare un minuto, mijo. Lo que están diciendo es una infamia. Lo que tiene mi hijo es producto de tener durante 28 años una radio exitosa y de haber trabajado durante 24 años en un diario. Mi diario. Los que se atrevan a decir que mi hijo y mi marido tienen que ver con la droga, con Los Monos, y con toda esa manga de enfermos mentales, tendrían que leer el diario. Si no leen las tapas de mi diario no van a entender nada, mijo— escupe Nené, desencajada.

Young intenta recuperar las riendas de la conversación. A sus espaldas, los panelistas se divierten con la vehemencia de la señora. Del otro lado del teléfono, en el sosiego del country Abril, se escuchan ladridos agudos de una jauría de chihuahuas. 

— ¿Myriam, me deja hacerle una pregunta?— insiste el periodista. Pero en vano. 

—No, no lo dejo. Eso es lo que voy a decir. Voy a responder a las 16 horas todas las preguntas en mi diario. ¿Entiende? Mande un periodista, me graba y ahí hablamos. Muchas gracias. 

Myriam Renée Chávez de Balcedo corta el teléfono. Es la tarde más calurosa en lo que va del verano. A sus 78 años, acaso ya piensa en volver al diario Hoy, el segundo medio gráfico más importante de La Plata, el que su hijo varón le arrebató en 2016 desatando una guerra familiar. 

 ***

 Nené nació en 1940 en un caserío de Corrientes recostado sobre la orilla occidental del río que le da su nombre, Santa Lucía. En la época del primer peronismo, sus padres Pedro y Josefa cruzaron dos provincias buscando mejor suerte y se afincaron en un barrio de las afueras de La Plata cuyo mayor orgullo era un manicomio: el hospital neuropsiquiátrico de Melchor Romero. Hoy, sus vecinos recuerdan muy poco de la niña que fue Nené: flaca, muy flaca, con el pelo recogido y vestidos leves, cambiando con sólo 15 años la mano de sus padres por la de su marido, Antonio Felipe Balcedo.

 Había dejado la escuela al terminar la primaria y terminaría de formarse en otras lides, bajo el influjo omnímodo de su esposo. Ayudante de un taxidermista en el Museo, al joven Balcedo no lo conocían en Melchor Romero por esa extraña afición sino por su temprana lealtad al General Perón. Nené lo siguió tozudamente a lo largo de todas sus vidas. Mientras fue joven y contestatario —la Resistencia Peronista; las diatribas fogosas en contra del Fondo Monetario Internacional, las Fuerzas Armadas y el capitalismo extranjero en los actos de la CGT local; los meses de cárcel en el Batallón 601 del Ejército y la combativa CGT de los Argentinos de La Plata—, y también cuando los años y el roce mudaron su piel: el sindicalista ortodoxo de principios de los ‘70; el peronista que pide la renuncia del gobernador Oscar Bidegain en agosto de 1973 (tras el intento de asesinato contra el delegado regional de la CGT, Rubén Diéguez); el integrante del nuevo gabinete de Victorio Calabró luego de la renuncia de Bidegain; el compañero de los matones de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) que salen a “cazar zurdos” con la venia del nuevo gobernador. Lo acompañó también al departamento de Villa Gessell donde, escribirá en su diario muchos años después, se ocultaron del asedio de la patota militar. Aunque un periodista que los conoció muy bien asegura que quienes en realidad lo buscaban eran prestamistas impacientes. En cualquier caso, para mayo de 1979 el cielo estaba limpio otra vez: Balcedo proponía desde sus columnas semanales del diario “El Día” que el sindicalismo dejara de ser un “grupo de presión” —como desde el ’55 hasta el ‘73— para volverse un “factor de poder”. En buen romance, que empezara a acompañar al Poder. Con la devoción que lo había acompañado Nené. 

La señora tuvo su primer empleo formal en las oficinas céntricas de la Asociación Mutual de Empleados Públicos (AMEP), creada por su esposo junto a Raúl Kraiselburg, director del diario El Día, y otros sindicalistas y empresarios de la ciudad. Ahí, dicen, con el artificio de los préstamos voluntarios, Balcedo empezó a amasar la fortuna familiar. 

—Desde la mutual entregaban préstamos usureros estafando a los estatales. Las tazas eran altísimas, mucho más que en el resto de los préstamos, y muchos empleados terminaron con sus casas rematadas— explica un hombre que trabajó muchos años cerca del Clan. 

En esas tardes anodinas como empleada administrativa, Nené empezó a fraguar su carácter hostil. Gritaba, descalificaba y usaba su vínculo con el jefe para imponer su voluntad. 

Su esposo, que ya era secretario general de la seccional bonaerense de Soeme, movió las fichas para llegar a la secretaría general nacional. Se reunía en secreto con dos dirigentes que le habían armado una lista interna a Juan Pedro Contreras, el hombre que según una investigación publicada en 2009 por otro dirigente, José Osvaldo Rodríguez, lo había escondido en su casa durante esos meses confusos de terror militar. La malograda construcción de un edificio de viviendas para afiliados selló la suerte del secretario general Contreritas, y Balcedo saldó la interna escalando al máximo sitial. Corría 1990. Unos años después, uno de esos dos dirigentes, Oscar Enterríos, le pidió al mandamás que tomara algunas medidas para democratizar el sindicato.

 — ¿Qué me pide, Enterríos, democracia sindical?— replicó el marido de Nené. Como si estuviera escuchando una locura. 

*** 


El diario Hoy del Clan Balcedo salió a la calle el viernes 10 de diciembre de 1993. La leyenda de su creación tiene un aura épica: Nené y su esposo, a la orilla de la laguna de Chascomús, decidiendo disputar la hegemonía de El Día con otro diario para la ciudad. Lo cierto es que la relación con Kraiselburd en la mutual —nadie dice a ciencia cierta por qué—no terminó bien. Antonio supo que necesitaba su medio. El primer director fue Marcelo, su hijo varón, que había hecho un Máster en Comunicación en Washington y ya dirigía la Red 92, una radio comercial regida por algoritmos infalibles: poco diálogo, breve servicio informativo y música pop. 

Sin embargo la primera mañana, con la reputada periodista Liliana López Foresi, se escuchaba muy bien. La conductora había sido censurada por pedido del presidente Menem en el Grupo Clarín, y Nené la convenció de que viniese a trabajar a La Plata a cambio de que su hermano y su marido la acompañasen en la co-conducción. 

 A los pocos meses, Marcelo Balcedo le comunicó que su hermano y su marido ya no entraban en los planes de la empresa; que sólo la querían a ella. La periodista quiso reunirse para revertir la decisión. 

—Cuando fui a reclamarle a Balcedo le agarró un brote psicótico. Tiró todo al suelo, empezó a gritar y me sacaron del edificio a punta de un 38. La persona que nos abría la puerta, muy cálido, apuntándome, me pidió que por favor nos fuéramos —recuerda Liliana mucho tiempo después. 

***

Los primeros tiempos del diario fueron difíciles. Kraiselburd manejaba los kioscos de revistas como un coto cerrado, y el clan Balcedo tuvo que encargar puestos de chapa verde para que se vendieran sus diarios. 

A poco del lanzamiento, aunque trabajaba en el departamento comercial, Nené empezó a irrumpir en las reuniones de tapa para imponer su visión. El respeto por las jerarquías no era su mayor virtud. Antonio, que pasaba por la redacción de a ratos para ver si todo iba bien, como el guarda de un tren, pretendía poner paños fríos. 

—Gallega —le decía con tono suave, como se le habla a un felino que tiene su presa viva en la boca—, les pagamos un montón de plata a estos señores para que hagan la tapa.

 Pero cuando Nené engranaba, no había Dios que pudiera calmarla. Una vez, en el afán de callarla, Antonio le revoleó uno de los perritos que eran su adoración. A veces, cuentan, iba y volvía en el día hasta su casa de veraneo en Cariló sólo para pasar un rato con sus animales. 

Como las ventas del diario no iban bien, entre los periodistas creció el runrún de que peligraban algunos suplementos y decidieron hacer una reunión. Cuando lo supo, Nené llamó a los jefes de secciones a su despacho. Qué era, bramaba, toda esa locura de la democracia sindical. Los despidió. Carlos Fanjul, por entonces editor de deportes, estaba en su franco y llegó más tarde. Nené lo mandó al carajo. No iban a sacarle un solo peso, gritó. Marcelo Balcedo le hacía gestos desde atrás de su madre para que se calmara. Fanjul devolvió el insulto. 

—A los seis meses de salir, los cuatro jefes estábamos despedidos. Y antes de que cumpliera su primer aniversario, de los treinta periodistas que se habían seleccionado rajó a veinte— recuerda por teléfono Fanjul. Con la plata que ganó del juicio, Fanjul cambió la mesada. 

Cristina Pauli también integró el staff desde su aparición. Pronto tuvo el primer encontronazo con los patrones por intervenir en un problema gremial. Un tiempito después, su hija, que tenía un retraso madurativo y problemas respiratorios, tuvo que ser internada de urgencia. 

 —Yo pedí unos días de licencia por la internación de mi hija. Cuando me reintegro al diario, me empiezan a mandar cartas documento para que me presente, cuando yo ya estaba trabajando —recuerda Pauli—. Un día no me dejan entrar y entonces voy a preguntarle a Nené por qué. Me dijo que personas como yo no le interesaban. 

Pauli también fue protagonista de una asamblea muy recordada entre la primera camada de periodistas, por la vehemencia con que irrumpió.

 —Ella vino y dijo ‘yo no seré Ernestina de Noble pero no me va a temblar el pulso para echar a todos los que no quieran trabajar, porque ustedes son todos vagos’ —dice Pauli. 

Fueron los primeros de muchos vagos más. 

***

Después de echar a su hijo Marcelo y a su hija menor, Myriam, en 2003 Nené llegó a la dirección formal del diario e implantó un régimen de hierro. 

Sus intuiciones periodísticas más infantiles eran leyes irrevocables y todo, todo el tiempo, parecía a punto de estallar. En las mañanas buenas se despertaba a las 6:30. Leía los diarios y después llamaba al suyo. Los periodistas de la primera mañana se habían acostumbrado al terror rutinario de que repiqueteara el teléfono a poco del amanecer. 

—Anote, mijo —dictaba Nené: a veces toda una editorial. 

 No había margen para la disconformidad. En otras ocasiones, antes de hacer una pausa en su piscina climatizada, sólo enumeraba los temas del día. 

 —Corto, dos párrafos, mucha foto. La gente ya no lee, querido. Me voy a nadar. Haga lo que le pedí y después me lee cómo quedó. 

Cerca de la una dejaba su casa del country, en la localidad de Hudson —se había mudado alrededor del 2007—, y cruzaba en su camioneta blindada BMW X5 negra los suburbios del norte platense a toda velocidad. Se le veía bajar escoltada por dos culatas de Soeme hasta el hall del edificio de la avenida 32 entre 3 y 4, con sus vestidos marrones o blancos y negros, el pelo corto, rubio y enrulado. Subía directamente a su oficina, se descalzaba y tiraba desinfectante “Glade”. Su despacho vidriado tenía un escritorio en Ele con una caramelera, un par de sillones, una computadora apagada y el televisor sintonizado en TN. Después de reunirse con abogados, el contador y el jefe del departamento comercial, desfilaba por una pasarela aérea desde donde dominaba toda la redacción. Gritaba. 

—Usted, mijo, ¿de qué va a escribir? ¿Cómo lo va a hacer?, ¿Cuáles son sus fuentes? No quiero pelotudeces. 

A veces convocaba a algún editor o redactor al despacho. Casi siempre lo recibía con reproches humillantes. En su cartera roja, siempre al alcance, tenía su pistola chiquita y plateada. Muchos de sus periodistas lo sabían. Antes y después de los insultos, saludaba cordialmente: cómo le va, hasta luego. 

—Cuando se enojaba te bajaba todos los temas —se acuerda Rafael Tossi, periodista que trabajó largos años en la redacción—. Yo sabía qué temas le fascinaban: recursos naturales, soberanía argentina, economías regionales. Trataba de ir a lo seguro porque si algo no le gustaba empezaba a los gritos y hasta podía echarte. 

Muchas veces, sus pedidos disparatados eran verdaderos pasos de comedia. Quienes intentaban alguna tímida oposición, aprendían que no había otro remedio que complacerlos. 

—Cuando (Fernando) Cavenaghi erró un penal contra Atlanta, me pidió que escribiera una nota diciendo que lo había hecho a propósito porque a River le convenía quedarse un año más en la B— jura Lucas Mazzuca, despedido junto a otros cien periodistas cuando Nené volvió a asumir la dirección del periódico en enero de 2018.

Un día, a Mazzuca lo llamó a su despacho. Subió las escaleras aterrorizado: no sabía qué podía pasar. En ese momento hacía “El Mundo”: todo el tiempo los rotaba de sección. Cuando entró tenía su doble página abierta sobre el escritorio: un montaje de Photoshop en el que el presidente Obama estaba a punto de conquistar Siria sobre el tablero del TEG. Nené lo miró a los ojos. 

—Esto es lo que yo quiero— le dijo. Recién entonces pudo respirar.

Nené se movía con custodias. Su seguridad era coordinada por Gabriel Garachico, hijo de Julio César, un policía bonaerense con vínculos con la dictadura y la CNU, que había sido señalado por Jorge Julio López de integrar el grupo de los “picaneadores” de la policía de Ramón Camps. Su hijo Gabriel se había retirado joven de la fuerza y andaba siempre armado. En 2011, por orden de Nené, el custodio interrumpió el aire de Radio Gol para avisarle al conductor que estaba despedido. Había abierto la radio en 2009, con el ingreso de una pauta millonaria del gobierno de Daniel Scioli. Pero decidió cerrarla pocos días después de su segundo aniversario, dejando setenta periodistas a la deriva. 

—Dijo que no había ido ningún dirigente de peso de Estudiantes o Gimnasia, que la radio no servía para nada— recuerda Mazzuca. 

De la noche a la mañana, Garachico hijo desapareció de la seguridad de Nené. Nadie dijo por qué. Pero en un juicio oral que terminó en 2014, su padre fue condenado a prisión perpetua por los asesinatos de Luis Sixto Bearzi y Marcelo Bettini en las calles de Tolosa, el 9 de noviembre de 1976, en plena dictadura militar. 



*** 

Bajo el sello Emisiones Platenses SA —más tarde Edigráfica SA—, que englobaba la radio y el diario, el Clan les hacía notar a políticos y empresarios que la manera más eficaz de evitar campañas de desprestigio era desembolsar jugosas pautas. También a jueces y fiscales que les daba por husmear. Algo de ese poder de fuego sigue flotando en el aire: solo un puñado de los veinticuatro periodistas, sindicalistas y vecinos que hablaron para esta nota, algunos bien próximos a la familia, aceptaron dar su nombre. 

Quién forzó al extremo el modelo publicitario extorsivo fue Marcelo, el hijo varón. Dos operadores suyos visitaron a Ricardo Carozzi —dueño de una financiera, Credil— a principios del 2000: o pautaba en los medios del Grupo, o daba un préstamo sin garantías de medio millón, o vería su nombre muy seguido en los flashes informativos y la tapa del diario. Antes les había tocado la misma suerte a los dueños de los supermercados Disco y al dueño de una concesionaria automotriz. 

Carozzi y otros empresarios lo denunciaron, hasta presentaron como pruebas las grabaciones de cámaras ocultas, pero los expedientes se empantanaban cuando caían en fiscalías sensibles a los titulares de la prensa. En 2007, la fiscal Virginia Bravo y el juez de garantías Guillermo Atencio pidieron su detención. Según las pruebas del expediente, Balcedo había apretado cuatro legisladores provinciales para que nombraran gente suya en el Hipódromo y sacaran una ley que le permitiera desembarcar en el negocio de las tragamonedas. Atencio dictó una orden de captura, pero cuando la policía fue a arrestarlo al edificio céntrico donde funcionaba la radio, Mauricio Yebra, uno de sus custodios, lo sacó escondido en el baúl de un auto. Entonces fueron contra el juez. 

—Balcedo nos contrató en la Red 92 para investigar cosas sobre el juez Atencio que le permitieran negociar. Salieron algunos informes sobre las causas que llevaba, pero no encontramos nada fuerte. Éramos inexpertos—, recuerda Luciano Tejada, un periodista que entonces todavía estudiaba en la Universidad. 

Tras la fuga cinematográfica, Balcedo se recluyó dos años en Uruguay, hasta que la Cámara de Casación Penal bonaerense lo absolvió sopesando a su favor “la libertad de expresión”. El intrépido Yebra —hoy preso, sospechado de ser uno de sus testaferros—, en cambio, ascendió a secretario personal. 

Con los intendentes de La Plata pasó algo parecido. Julio Alak, Pablo Bruera y Julio Garro sostuvieron acuerdos volátiles con el diario de Nené: las tapas del diario basculaban de una semana a la otra entre realidades idílicas o catastróficas según la suerte de las pautas, aunque la causalidad entre una cosa y la otra, sin papeles ni testigos directos, sea difícil de probar. 

 —Le pedían dos millones de pesos por mes y el municipio arreglaba. Al otro mes le pedían dos y medio, desde el entorno del intendente decían que no, lo reventaban una semana con tapas y al toque accedían. Eran muy frágiles. Así llegaron a un número desorbitante —describe sobre uno de los jefes comunales, alguien que todavía trabaja para el clan. Los relatos acerca del esquema publicitario se parecen para todas las gestiones: los nombres de los ocupantes del despacho de la calle 12 cambia; la modalidad de la pauta no. 

—Entre 2010 y 2014, siendo una ciudad tan política, no se podía mencionar al intendente ni publicar fotos —cuenta un periodista del Multimedio—. Era como si no hubiera. En 2013 se inundó media ciudad y a Bruera casi no se lo nombró.

En los balances formales, la pauta de la Municipalidad de La Plata para el diario de los Balcedo entre 2007 y 2014 se interrumpió. Sin papeles que demuestren lo que algunos empleados hoy cuentan, Nené y su hijo demandaron al municipio por ataque a la libertad de expresión y discriminación publicitaria entre 2007 y 2014. Balcedo obtuvo una sentencia favorable en primera instancia que los peritos calcularon en unos 84 millones de pesos, pero la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo revocó ese fallo el último abril porque el empresario no presentó libros contables ni documentación respaldatoria.

Con los gobernadores fue cambiante. Felipe Solá no soltó ni un peso y los querelló: el diario se convirtió en su acérrimo detractor. Durante la gobernación de Daniel Scioli, después de indecisión, en 2009 la pauta llegó. En diciembre de 2013, en medio de la crisis por el acuartelamiento de la policía bonaerense, el número se renegoció. Nené lo anunció durante un lunch con trabajadores, en el hall. 

—Hoy firmé un pacto con el Diablo —dijo. Mazzuca fue uno de los periodistas que lo presenció: la recuerda exultante. Les regaló un bono para cada uno por el valor de un aguinaldo. 

*** 

La muerte de Antonio Balcedo, en agosto de 2012, fue un golpe muy duro para Nené. Ni siquiera fue al velatorio en la sede central de Soeme; sí al entierro. Marcelo sucedió a su padre en la secretaría general del gremio: entre Nené y sus hijos estalló por la herencia una disputa legal. Nené se volvió más irritable y violenta: las frustraciones de su vida siempre terminaban pagándolas sus empleados. Ese mes echó a diez periodistas por una incipiente organización gremial. 

—Si alguien viene y me toca el tambor acá qué decisión querés que tome— respondió cuando le preguntaron los periodistas—. Soy reaccionaria y dictatorial, a los 75 años soy capaz de pasar con esta camioneta por arriba a cualquiera por defender un medio que hace lo que nadie hace. 

El 8 de octubre de 2014, los trabajadores despedidos definieron hacer un bloqueo en la puerta del diario para obligar al Ministerio de Trabajo bonaerense que dictara la conciliación obligatoria. Ya les habían anticipado la medida a sus ex compañeros, y la mayoría de ellos se quedaron afuera por propia voluntad. Una hora después llegó la Infantería. 

—Están interrumpiendo la salida de la dueña del diario— les dijo el oficial a cargo.

 —Cualquiera puede salir, lo que no se puede es entrar—contestó uno de los periodistas. 

Los policías entraron directo al despacho de Nené. Dos de los pocos periodistas que habían quedado adentro conservan fogonazos de aquella tarde plomiza. La conversación entre los jefes del operativo y la dueña del diario no fue amena: los uniformados le decían que no había elementos para reprimir. Nené amenazaba con hundirlos en la tapa siguiente si no actuaban como tenían que actuar. Se la escuchaba desde todo el edificio despotricar contra “los zurdos”. Los policías salieron de la reunión decididos a acatar órdenes, y no precisamente las de un juez. La formación de infantes empezó a avanzar. Los despedidos retrocedieron porque habían consensuado no confrontar con la policía (puede verse claramente en un video de youtube: “represión periodistas La Plata”), pero la policía sí. Dispararon balas de goma, pegaron bastonazos, rociaron gas pimienta: una cacería contra los despedidos que ya no obstruían la puerta del diario. La jefa de Interés General miraba la represión desde adentro: 

—Hijos de puta —gritaba de los uniformados—. Señora, ¡haga algo! 

La señora seguía la escena en silencio, detrás de las puertas espejadas del hall. 

—Si no le gusta, váyase con ellos. 

Esa tarde la Bonaerense detuvo a cinco manifestantes. Los liberó esa madrugada de la comisaría Segunda. Al día siguiente, Nené ordenó sacar una tapa negra con título catástrofe: “Ataque a la libertad de expresión”. Una de las fotos que ilustraba la nota había sido tomada por el jefe de fotografía desde el interior del diario. Se leía en forma invertida la leyenda de una bandera colgada en la puerta del diario: “Diario Hoy, bloqueado por despidos”. Con un detalle insólito: habían borrado con Photoshop el final de la frase: “por despidos”. La editora de Interés General fue suspendida y al poco tiempo renunció. 

***

En la campaña presidencial de 2015, Nené no apostó por ninguno de los candidatos. Seguía recibiendo pauta provincial, pero se había enterado que Ricardo Echegaray —con quien mantenía una vieja disputa—seguiría como titular de la AFIP, y decidió no acompañar. Durante los primeros meses del nuevo gobierno, el intendente Julio Garro y la gobernadora María Eugenia Vidal no “bajaron” pauta. Nené pidió una reunión con un gerente de Edelap, el anunciante privado más importante.

—Les pidió el doble de lo que ponían por mes. Los tipos salieron espantados y la pauta se cayó. Empezó una guerra en la que todos los días teníamos que escribir sobre los cortes de luz de la ciudad. Si no pasaba nada, nos pedía que inventáramos algo contra ellos—, recuerda Rafael Tossi, uno de los cien periodistas despedidos en enero pasado.

Cuando perdió el anuncio de Edelap, Nené se dio cuenta de que estaba fuera de foco. Le ofreció a su hijo tomar las riendas del diario y acordaron por el paso de mando un pago mensual. 

—Durante meses ella reclamó más dinero, pero él se negó—, cuenta un hombre que estuvo muy cerca de los dos. Nené se sintió una traición de su propia sangre y juró inmolarse con su camioneta contra los cristales del edificio. Marcelo le creyó: durante dos meses estacionó en la puerta un camión volcador. 


*** 

Cuando reasumió la dirección del diario, en el invierno de 2016, Marcelo Balcedo inyectó fondos del gremio y de otros negocios. El Hoy fue el único periódico que se amplió durante la recesión: incorporó más de 50 periodistas y realizadores, compró decenas de computadoras IMac y montó un estudio de televisión. 

Para financiarse, Balcedo llegó a un acuerdo con la administración de Vidal: una plata importante y un pacto de no agresión —confían dos periodistas que estaban muy cerca del sindicalista—. Con el intendente Garro fue más allá. 

 —Balcedo le había hecho la campaña gratis en la Red 92, presuntamente a cambio de que si resultaba electo le solucionara el tema del juicio que le había ganado al municipio durante la gestión de Bruera. Pero cuando ganó no lo hizo— explica una persona que integró el círculo íntimo de la familia.

 Para compensar, desde la intendencia de Cambiemos ofrecieron un pago cuantioso de publicidad oficial.

 En las vísperas de las Fiestas de 2017, Mauricio Macri había logrado aprobar con represión callejera y un alto costo político la reforma previsional, se hablaba de reforma laboral y se avecinaban las paritarias estatales. Balcedo evaluó que era el momento propicio para apurar la negociación. Conocía bien al ministro de Trabajo de la provincia, Marcelo Villegas. Según recuerda un empleado del Soeme, el sindicalista le había explicado al ministro la “cláusula gatillo”dibujándosela en un pizarrón. Villegas la presentó como idea propia y logró destrabar las negociaciones con los docentes en 2016. La idea le había sumado al ministro varios porotos con la gobernadora Vidal.

Pero a fines de 2017, los gremios estaban en pie de guerra y el gobierno provincial apretaba las clavijas. 

—Me consta que a Marcelo le pedían insistentemente que firmara la paritaria— dice un periodista que estuvo muy cerca del entonces director. 

El feriado de Navidad, Paola Fiege se sentó a escribirle un mail a un dirigente de Soeme detallándole el trato que debía negociar con las autoridades provinciales a cambio de la firma del gremio: Vidal debía instruir al intendente Garro que firmara un acuerdo judicial por el que se comprometía a pagar 160 millones de dólares en cuotas, a partir del 1 de enero de 2018. “Es sólo decisión política y orden de la gobernadora a Garro y que por vía administrativa le giren todos los meses el dinero. Cómo lo hacen; que por favor no insulten nuestra inteligencia”, instruía Fiege. “Si aceptan, sobra tiempo para cerrar la paritaria”, agregaba. La otra opción era un 25% de aumento: 15% en enero, 5% en marzo y 5% en junio. Con cláusula gatillo. 

Diez días después, el juez federal Ernesto Kreplack ordenó la captura internacional de Marcelo Balcedo. El 2 de febrero de 2018 Soeme fue intervenido y el ministro Jorge Triaca nombró como fiscalizadores a Antonio Mazzeo en la sede provincia, y a un ex funcionario suyo, Conrado Reinke, en la Nación. El 5 de abril, los interventores estamparon su firma y la provincia logró cerrar las paritarias estatales con un magro 15% de aumento en tres veces. 

***

 Muy lejos de ahí, en la tranquilidad del barrio cerrado, Nené se entera del arresto de su hijo. Hace unos días volvió de su mansión en Bariloche que la prensa tasó en tres millones de dólares. Acaso mire el agua estanca de la pileta. O llene una copa de burbujeante champagne Crystal, su favorito, o prepare un whisky con hielo para soportar los 35 grados de calor. Nadie sabrá si su primera reacción fue un regodeo por el desquite inesperado o cierta preocupación, pero pronto merodeará su conciencia el viejo refrán sobre la crisis y la oportunidad. Lo bueno, dentro de lo malo, es que ya no manejará “su” diario su nuera, Paola Fiege, esa mujer veinte años menor que su hijo a la que nunca quiso, que está segura que lo engatusó con su figura sinuosa en ese casino de Misiones y que cree que siempre le fue infiel. Está harta de hijos tarados como Marcelo. Dentro de algunas semanas se lo va a decir a los gritos a los veinte periodistas, fotógrafos y realizadores que sobrevivan a su limpieza drástica de más de cien. Las únicas contemplaciones serán con la sección de Deportes, que va a mantener casi completa y cuyo jefe, Juan Pablo Ferrari —que ha sido investigado por falso testimonio en juicios laborales a favor de la empresa—, puso rápidamente a su disposición para cubrir los cráteres en el resto de las áreas. Una limpieza que ejecutará fríamente, poniendo llave al edificio durante un fin de semana largo y a los matones del gremio en la vereda para que los despedidos no puedan volver a entrar. Una limpieza fundada en una supuesta crisis económica de la que no mostrará balances, en medio de una conciliación obligatoria que va a pisotear una y otra vez, apenas su nombre y estado civil, Myriam Renée Chávez “Viuda” de Balcedo, vuelvan a imprimirse por orden suya en la página 2. 

Desde aquellos días de enero hasta el jueves 18 de octubre, diez meses en los que volvió a estar a cargo, Nené no se quedó quieta. No sólo instrumentó los despidos; casi a diario amenazó a los sobrevivientes de suprimir la versión impresa o cerrarlo definitivamente. Recortó a la mayoría de los periodistas y diseñadores hasta diez mil pesos de sueldo. Volvió a pagar en negro, y en tres cuotas. Encomendó tapas memorables como “Yo madre pido perdón”, sin comas ni vergüenza, el día siguiente a la detención de su hijo. 

De lo que no tuvo tiempo en ese lapso fue de limpiar el apellido de su familia. El jueves a las 6.10 de la mañana llamó al diario. “Vino la policía, me llevan”, alcanzó a decirle llorando a uno de los periodistas que trabaja en la web. Una camioneta de Gendarmería Nacional la esperaba en la puerta de su casa del country para llevársela detenida: el juez Ernesto Kreplak sospecha que lavó unos 64 millones de pesos de Soeme entre 2012 y 2017. 

Camino a los Tribunales Federales de 8 y 50, envolviéndose las manos con su piloto para esconder las esposas, colgándose al hombro la cartera roja en la que solía llevar su pistola, tal vez Nené piense en la tapa del día siguiente. Acaso medite cuánto mejor sería su diario si pudiese escribirlo ella sola. Pero hundida en esa infamia ni siquiera puede llamar a ese chico muy obediente, que tras la reducción de personal escaló hasta editor de Política, para soplarle el título. Ese título en letras de molde blancas, tamaño catástrofe, que su diario usó más de una vez cuando alguien en su familia tuvo problemas con la justicia.

 —Tapa negra, mijo —volvería a dictar si pudiera—. Ataque contra la libertad de expresión.

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