Por una nueva ley de Cine

¿Cómo es posible que Buenos Aires, donde se concentra la mayor parte de actividad audiovisual del país, no tenga una legislación audiovisual? A raíz del conflicto reciente del INCAA, los trabajadores y las trabajadoras están en estado de movilización permanente. Una serie de sectores y colectivos han propuesto un anteproyecto de ley, que aún espera respuesta. Perycia habló con Adriana Sosa, documentalista y representante gremial, que contó los detalles de una realidad acuciante, donde el Estado no protege sino que aplica la ley del mercado. 


Una de las reuniones donde participaron los colectivos audiovisuales en la redacción del anteproyecto de ley

Por: Redacción Perycia
Publicada: 28/02/19


Cuando estalló el conflicto en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), en 2017, en La Plata empezaron las primeras asambleas para impulsar una Ley de Cine en la provincia, una deuda histórica para el sector. Fue entonces que el año pasado, durante el Festival de Cine Latinoamericano de La Plata (FESAALP), se dio el “Primer Encuentro por una Ley Audiovisual en la Provincia de Buenos Aires”. Allí participaron cineastas, estudiantes, productoras y sindicatos, entre otros protagonistas. Todos coincidieron que había sido el puntapié para impulsar un anteproyecto de ley.


La realidad del sector es acuciante. La documentalista Adriana Sosa, integrante del Movimiento Audiovisual Platense (MAP), habló en una entrevista exclusiva con Perycia sobre el estado actual del proyecto y los desafíos de un presente complicado. Sosa es una de las referentes del Movimiento Audiovisual Platense (MAP), uno de los colectivos que defienden a los realizadores locales.

En este sentido, distintos sectores han demostrado la voluntad de nuevos encuentros para redactar un anteproyecto de ley para la provincia de Buenos Aires. Entre ellos están el SATSAID (Sindicato de Televisión, Servicios Audiovisuales Interactivos y de Datos), la Asociación Argentina de Actores (Delegación La Plata), la Facultad de Bellas Artes y Facultad de Periodismo de La Plata, el Cine Móvil de Ensenada, el Festival de Cine Latinoamericano de La Plata (FESAALP), el Movimiento Audiovisual Platense (MAP), Mujeres Audiovisuales La Plata (MALP), la Red Argentina de Documentalistas (RAD) y las productoras independientes La Mirilla, Odradek Cine, Piuje, Riocine y Talisman Films.

Entre otros puntos, se busca crear un archivo para resguardar el patrimonio audiovisual; más salas subsidiadas por el Estado y que cumplan con la cuota de pantalla para el cine argentino; un cupo de trabajadores de la provincia en todas las producciones que se realicen en la región, y un cupo femenino en la selección de proyectos en las líneas de fomento.

Pero, además, el anteproyecto no sólo busca proteger, regular y fomentar los formatos del documental y de la ficción cinematográfica sino que incluye el amplio mundo audiovisual, desde los medios alternativos a las plataformas webs y de los videojuegos a la realidad virtual.

-¿Cuándo empezaron a organizarse?

-Mirá, todo empezó con el primer “Pantallazo”, que surgió en 2017 como protesta por las políticas que se estaban llevando a cabo en el INCAA. Ése fue el primer nucleamiento. A partir de ahí buscamos diversas salidas, una de ellas fue la de pensar una ley de Cine para que ampare la actividad audiovisual. Es increíble que en Buenos Aires, que es una de las provincias donde hay más experiencias cinematográficas, aún no exista un marco legal que proteja nuestro trabajo. Quizás nunca estuvimos peor que ahora y entonces en los momentos de crisis aparece más visible la necesidad de un régimen de fomento. No queremos que sea así nomás, queremos que también califique y evalúe los proyectos. Necesitamos una regulación, un marco legislativo que ponga en funcionamiento el respaldo estatal. Lo cierto es que hay varias legislaciones en otras provincias, como la de Misiones, que es bastante modelo por la modernización de sus artículos.

-¿Y por qué buscan una ley? 

-No estamos innovando, sólo queremos ponernos a la altura de otras provincias. Córdoba, Neuquén y San Luis también tienen sus propias legislaciones y hemos tenido contacto con ellos para informarnos. Sólo reclamamos políticas públicas para la sustentabilidad del trabajo de los profesionales del cine desde una mirada cultural y regional, teniendo en cuenta la diversidad y amplitud territorial de Buenos Aires. Queremos una zonificación de la provincia porque no es lo mismo Carmen de Patagones que La Matanza.

-¿Y por qué hasta el momento no hubo una ley de cine en la provincia de Buenos Aires?

-Son varios los factores. Las legislaciones, en general, son la consecuencia de reclamos de distintos sectores. La cercanía con el INCAA es un factor, ya que los realizadores se presentaban directamente ahí y no tenían la necesidad de una ley. También está el hecho que hay grandes productoras en el norte de Capital que se manejan a otra escala, a nivel comercial, entonces ahí tampoco hay necesidad de una ley. La desorganización propia de los realizadores también es otro punto, hay que hacer una autocrítica y mirar para adentro: mientras todos y todas teníamos trabajo no era tan fácil juntarse. Es cuando hay una crisis que se dispara la idea de movilizar y de agruparse y de pensar soluciones en común. Lo que había antes en el gobierno kirchnerista, que era una inyección de recursos desde el Estado, como la TDA, ya no existe más y tampoco hay proyectos federales. Hoy por hoy, hay una necesidad agobiante de hacer realizaciones y los espacios faltan, y entonces la legislación es una consecuencia de los reclamos. La mirada de la clase dirigente tiene que modificarse, porque la cultura sigue sin interesar demasiado. Y somos nosotros lo que tenemos que ejercer la presión para que la realidad se transforme.




-¿Qué cambió con del gobierno de Macri?

-El paradigma de la mirada hacia la cultura, fundamentalmente. ¿Qué es la cultura? ¿Para quién es la cultura? ¿Qué protegemos, qué queremos fomentar cuando hablamos de cultura? Todo eso cambió, lo que se priorizó es hacer negocios, entonces la cultura sirve si ayuda a rentabilizar un proyecto. Si no, es algo que molesta. Las políticas públicas son muy claras al respecto, con el achique y el desguace de programas y proyectos. Y las instituciones que no pueden cerrar, como el INCAA, las usan como resorte financiero. Quieren mostrar lo típico y lo autóctono de la cultura, esa idea rancia de la tradición a los que vienen del exterior, y el resto no les sirve. La cultura pasa a ser evaluada como una mercancía, entonces los documentales no reditúan y hay que tirarlos por las ventanas. Lo que se impone es el paradigma mercantil de la cultura. Y el área audiovisual está sufriendo un enorme retroceso.

-Y eso a pesar que cierto cine argentino triunfa en el exterior y tampoco le va tan mal en el fuero interno...

-Es que el cine tiene múltiples dimensiones. Las películas que son tanques industriales no van a tener problemas, porque tienen un sostén publicitario y de distribución que nunca les va a dejar pérdidas. Y están los casos excepcionales de películas que la pegan en festivales internacionales o directores que son valorados por su trayectoria artística. El tema es que pasa con la mayoría, que son películas de autor, experimentales o de directores no tan reconocidos. Ahí es donde tiene que estar el Estado apoyando y fomentando. Si no, la cultura se cae a pedazos. Vamos a terminar en un camino tristísimo, viendo cómo sobreviven los tanques en una industria molida a pedazos, como pasó con las películas de Olmedo en la dictadura.

Adriana Sosa agarra el micrófono durante el FESAALP

-¿Qué aspectos son claves para consensuar un proyecto de ley?

-Tenemos que juntar ganas, miradas, energías de trabajo. Y ponernos a debatir en serio entre los distintos sectores del área audiovisual. Yo soy documentalista y sólo puedo imaginar las necesidades de un animador, por eso hay que sumar a los que trabajan de eso. También hay que incorporar a las áreas de actores, vestuaristas, escenógrafos, técnicos. El mundo audiovisual debe sentirse representado en su totalidad. Tenemos que visibilizar por qué necesitamos crear una ley. Después, cómo será la negociación política, ahí es algo que me excede porque no tengo una mirada política. Los colectivos seguro encontrarán las maneras indicadas. Pero la estrategia de visibilización es clave, y no es fácil, porque hay desasosiego, angustia, gente que se va por la situación actual y esto es una mirada de largo plazo. Estar en la calle es un elemento de presión fundamental.

-¿Cómo repercute en lo local lo que sucede a nivel macro? 

-En La Plata se vive el efecto de este cambio de paradigma de la cultura como en cualquier gran ciudad. No sólo lo padece el área audiovisual, también ocurre por ejemplo en el teatro, tanto en provincia como en Nación. Se han recortado los subsidios, funcionan mal los programan, se paga a destiempo. Los realizadores estamos en un estado de mayor vulnerabilidad, es una actividad cara, y es necesario contar con recursos. Y cuando la cadena se corta, el realizador queda sin acceso o lo hace de una forma mucho más artesanal, que tampoco es la idea, porque termina quedando como una cosa de hobby. Hay preocupación, hay realizadores y productores que se están yendo de La Plata para radicarse en otros lugares. La salida laboral es muy pobre. Las productoras están en quiebra. Ése es triste panorama actual, pero debemos luchar para encontrar respuestas colectivas.









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