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Derechos Humanos

Nace un nuevo colectivo de hijos e hijas de represores

Bajo el ejercicio de «nombrarnos, de denominarnxs, de elegirnos un nombre»,  una incipiente agrupación autodenominada como «Hijxs y ex hijxs de genocidas» lanzó una declaración donde cuentan las razones principales de una «acción colectiva» que rechaza el horror en el que participaron sus padres. Aquí, el comunicado completo.

Por: Hijxs y ex hijxs de genocidas
Foto: Gentileza Revista Anfibia
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Con el paso del tiempo, y a medida que se precipitan acontecimientos políticos como la prisión domiciliaria otorgada a Miguel Osvaldo Etchecolatz, en la escena social surgen nuevos colectivos que protagonizan tomas de posición en la lucha por la memoria. Porque el pasado, en efecto, nunca es algo quieto y anquilosado: la historia demuestra que se sigue escribiendo en el presente.

Las voces de diversos hijos e hijas de genocidas que irrumpieron hace unos meses bajo una fuerza antes desconocida, con la aparición mediática de la historia de Mariana Dopazo, ex hija de Etchecolatz, y la creación del grupo «Historias Desobedientes y con Faltas de Ortografía», entre otros hechos, han manifestado una postura irreconciliable: el rechazo radical contra el legado siniestro de sus progenitores.

    Érika Lederer, otra hija de un represor, aquí participando en una marcha de derechos             humanos. Foto: Martina Perosa. Cobertura La Vaca. 

En este sentido, y con la presencia de la misma Mariana Dopazo y de otras hijas de represores como Érika Lederer y Rita Vagliati, se presentó en la esfera pública una nueva agrupación llamada «Hijxs y ex hijxs de genocidas».

Acá te compartimos su declaración:

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¿Quiénes somos?

Esta configuración que hoy nos encuentra juntxs, se dio de un modo anti-natural y absolutamente colectivo (la naturaleza no tiene que ver en esto, ya que se trata de lo humano, lo más cruento de lo humano, la cara ominosa de la moneda) nos acercó la potencia de nuestras historias, lo más íntimo e inenarrable que de ellas se desprende.

Ese centro desconocido pero vivenciado por quienes hoy estamos haciendo el ejercicio de nombrarnos, de denominarnxs, de elegirnos un nombre tiene como antecedente una experiencia previa más fuerte que hemos llevado a cabo durante décadas de un modo muy solitario. Es a posteriori que nos damos cuenta de lo potente de cada construcción subjetiva más allá de un progenitxr.

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Hemos experienciado y atravesado miedos, traumas, silencios y dolores, síntomas más o menos evidentes que se entrelazaron con lo cotidiano.

Cada uno de nosotrxs forjó tempranamente la más propia historia y una subjetividad ética que nos ha permitido, desde diversas acciones y posiciones, entramarnos en lo colectivo con ese sentimiento vital acerca del Otro.

Eso nos hace armar esta acción colectiva en nuestro fuero íntimo sabemos muy bien de qué se trata, desde lo más profundo, tal vez como nadie más. Ese es nuestro naciente rasgo distintivo: que sabemos desde las entrañas de quiénes estamos hablando.

Para nosotros no se trata de nuestros padres, hemos atravesado esa valla. Con insondable dolor también sabemos que pudimos hacer algo, que somos otra cosa.

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