Por una nueva Ley del Cine

Integrantes del sector audiovisual de La Plata y de Buenos Aires impulsan una leigslación que proteja y fomente la actividad en la provincia. Denuncian que el macrismo promueve un ajuste en el mundo del cine que favorece a un grupo concentrado de productoras. Y reclaman por la situación bonaerense pero aclaran que el lento vaciamiento y la burocratización del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) afecta a toda la industria nacional. "La gestión macrista prioriza la visión del cine como un negocio", dice el cineasta Marcelo Gálvez. 



Publicada: 28/11/18


Si bien el Movimiento Audiovisual Platense (MAP) y otras organizaciones del Gran Buenos Aires vienen reclamando hace años por una nueva ley provincial, el puntapié se dio en el marco del 13° FESAALP (Festival de Cine Latinoamericano de La Plata), a mediados de septiembre.

Allí se dio el 1° Encuentro por una Ley Audiovisual en la Provincia de Buenos Aires: cineastas, documentalistas, productoras, actores y actrices, sindicatos, facultades, estudiantes y festivales pusieron en común una preocupación que acecha al mundo de la imagen y del sonido: el peligro de extinción. Y la misma, en efecto, se convirtió en una realidad contundente: si se deja pasar el tiempo esperando una respuesta, los realizadores audiovisuales quedarán en el olvido.

“La gestión macrista prioriza la visión del cine como un negocio y una gran parte de nosotros queda afuera. El ajuste y las políticas que favorecen sólo a un grupo concentrado de productoras nos está destruyendo. Eso ocurre en el país pero se manifiesta con más fuerza en las provincias donde no hay protección ni amparo legal, como Buenos Aires”, dice Marcelo Galvez.

Galvez es cineasta, docente universitario e integrante de la Red Argentina de Documentalistas (RAD). “Entendimos que sin organización y sin encuentros, nadie va a formular una ley que nos proteja. Si no sale de nosotros, los trabajadores audiovisuales, no va a salir como una iniciativa de los políticos. Es increíble, por ejemplo, que en la provincia de Buenos Aires no tengamos todavía una ley audiovisual. En La Plata estamos fuertemente movilizados y queremos sumar a todos los actores para tomar conciencia de una realidad que nos hunde”.

La paradoja que advierte Galvez es la siguiente: mientras el talento de los cineastas argentinos sigue siendo reconocido y premiado en los principales festivales del mundo –como la expresión de un cine exitoso, autoral, diverso e independiente, incluso–, la realidad nacional corre riesgos de supervivencia frente a, por un lado, el feroz ajuste presupuestario en el Incaa y, por el otro, la ausencia de una legislación y una política cultural que ampare los puntos medulares del hecho cinematográfico: la producción, la distribución y la exhibición.

Y en La Plata y el Gran Buenos Aires se expresa  la metáfora del cuello de botella: los recursos van hacia una elite que concentra el trabajo audiovisual casi de forma corporativa.



"Si bien es cierto que la ausencia de una Ley en Buenos Aires y el declive del cine argentino no es de ahora,  lo que ocurrió en estos últimos años es que se dejaron de financiar programas y se desarticularon departamentos –dice Galvez– . Otra cosa importante es que los festivales nacionales perdieron peso, muchos cerraron o se redujeron notablemente, y eso es nocivo para decenas de producciones que dependen de esa vía para exhibir sus trabajos y ser reconocidos. Lo que se privilegia ahora son las grandes producciones cuando hay una Ley de Cine nacional que está para garantizar la pluralidad, defender al cine como bien cultural y dar lugar a los jóvenes realizadores”.

La documentalista Adriana Sosa, integrante del Movimiento Audiovisual Platense (MAP), pone el acento en ese último punto: dice que el trabajo creativo de los nuevos autores “está trabado”. Y a diferencia de los clásicos bloqueos creativos como la página en blanco, aquí las razones no son ajenas al sistema económico imperante ni al modelo estatal sobre políticas audiovisuales.

“Por supuesto que la problemática del sector está asociada a la recesión del país, y entonces hay falta de trabajo, de inversión y de perspectivas de futuro”, explica Sosa. “Todo se achica: los rodajes ahora duran pocas semanas porque los productores tienen que reducir costos por todos lados. Pero además tenemos a un Incaa ineficiente y que te abruma desde lo burocrático. Por ejemplo, se han bancarizado los subsidios, entonces aquel que no tiene solvencia bancaria le cuesta un montón sacar el dinero. Y a los fondos propios el Incaa los pone en un plazo fijo en vez de hacerlos circular. Además, para obtener financiamiento para operas primas y en el rubro de nuevas tendencias hay requisitos insólitos, como la exigencia de haber tenido experiencias previas de filmación para acceder a un subsidio”, agrega.

Según un estudio del MAP, el grueso de la producción audiovisual bonaerense se realiza de manera “autogestiva” o con el apoyo de universidades o instituciones no específicas del ámbito audiovisual, aunque sin poder acceder al campo del fomento audiovisual nacional.




Como consecuencia del desguace, los realizadores de Buenos Aires se reunieron ya varias veces para exigir una ley de protección y fomento, tal como ocurre en provincias como Misiones, Córdoba, Neuquén y San Luis, por citar algunos ejemplos. “No sólo que Buenos Aires es la provincia con más población del país –acota Galvez– sino que es la más numerosa en cuanto a personal y a producciones dentro del mundo audiovisual y por ser territorio de universidad públicas y privadas en las que se forman miles de cineastas. Es irrisorio pensar que los proyectos mueren no por falta de ideas y de mano de obra, sino por un Estado que no otorga oportunidades y deja todo librado a las leyes de la industria cinematográfica que es cada vez más excluyente”.

En este sentido distintos sectores han demostrado la voluntad de nuevos encuentros para redactar un anteproyecto de ley para la provincia de Buenos Aires. Entre ellos están el SATSAID (Sindicato de Televisión, Servicios Audiovisuales Interactivos y de Datos), la Asociación Argentina de Actores (Delegación La Plata), la Facultad de Bellas Artes y Facultad de Periodismo de La Plata, el Cine Móvil de Ensenada, el Festival de Cine Latinoamericano de La Plata (FESAALP), el Movimiento Audiovisual Platense (MAP), Mujeres Audiovisuales La Plata (MALP), la Red Argentina de Documentalistas (RAD) y las productoras independientes La Mirilla, Odradek Cine, Piuje, Riocine y Talisman Films.

Entre otros puntos, se busca crear un archivo para resguardar el patrimonio audiovisual; más salas subsidiadas por el Estado y que cumplan con la cuota de pantalla para el cine argentino; un cupo de trabajadores de la provincia en todas las producciones que se realicen en la región, y un cupo femenino en la selección de proyectos en las líneas de fomento.

Pero, además, el anteproyecto no sólo busca proteger los formatos del documental y de la ficción cinematográfica sino que incluye el amplio mundo audiovisual, desde los medios alternativos a las plataformas webs y de los videojuegos a la realidad virtual. “No estamos innovando, sólo queremos ponernos a la altura de otras provincias –dice Sosa–. Sólo reclamamos políticas públicas para la sustentabilidad del trabajo de los profesionales del cine desde una mirada cultural y regional, teniendo en cuenta la diversidad y amplitud territorial de Buenos Aires. Queremos una zonificación de la provincia porque no es lo mismo Carmen de Patagones que La Matanza”.

Tanto Sosa como Galvez entienden que una nueva ley debería contemplar la creación de una especie de Incaa pero a nivel provincial, con autarquía financiera. “Desde el año pasado, cuando estalló el conflicto con el cambio de autoridades en el Incaa, se evidenció una realidad: la eliminación paulatina de la base de la pirámide –concluye Galvez–. Hoy son cada vez menos los que pueden trabajar en las condiciones que la industria exige y por eso estamos en estado de movilización permanente. Esta semana, por ejemplo, hubo una asamblea de directores con el slogan ´Por más cine, por más miradas´. Y ese slogan refleja a la perfección la falta de pluralidad de voces, porque se recorta la realidad cuando se habla en los medios de picos de espectadores o de éxitos de algunas películas. El triunfo de pocos es la desgracia de muchos. Lo que está sucediendo es que el cine está perdiendo su capacidad como bien cultural y como herramienta de comunicación, y sin esta expresión artística nos estamos perdiendo de un elemento clave de nuestra identidad”.

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