El represor que quería ser literato

Hace dos meses, algunos vecinos de Villa Elisa amanecieron sobresaltados por la presencia de un subteniente del Batallón 181 de Bahía Blanca que debe enfrentar un juicio por más de cincuenta crímenes de lesa humanidad. Excarcelado en febrero por la Cámara de Casación Penal, Eduardo Carlos Videla deambulaba por los comercios del barrio, iba a yoga y hasta asistía a un taller de lectura. Este sábado habrá un acto de repudio para pedir que vuelva a la cárcel. Contrastes de un criminal libre y de una comunidad que, paradójicamente, desaparece.

El Centro Cultural Macá, donde el represor Videla concurría a un taller literario

Por: Federico Desántolo
Publicada: 8/06/19


El mensaje en el whatsapp les heló la sangre. El grupo del taller de literatura que funcionaba en el Centro Cultural “Macá” de Villa Elisa, cerca de La Plata, se despertó con desconcierto primero, y luego, con miedo. El extraño hombre de sonrisa llamativa, que había participado de las últimas dos clases, era nada menos que Eduardo Carlos Videla, un militar procesado por su participación en más de medio centenar de crímenes de lesa humanidad en Bahía Blanca.

Videla está acusado de haber intervenido en 52 casos de secuestros y torturas perpetrados contra víctimas de esa zona del sur bonaerense. En 1976, fue jefe de sección de la compañía “Combate Mayor Keller” del Batallón de Comunicaciones 181, que dependía del V Cuerpo del Ejército, y en 1977 fue “jefe de grupo” de la Compañía Comando de la misma unidad militar. El expediente judicial de la causa “V Cuerpo” dio por probado que la compañía de Combate del Batallón constituía el grupo de tareas que realizaba los operativos ilegales.

El exoficial del Ejército de 64 años, fue detenido en agosto de 2014. Personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria lo fue a buscar a su casa en el barrio Dumont, de Villa Elisa. Pero a partir del 21 de febrero de este año recuperó la libertad: el argumento del tribunal fue que se vencieron los tiempos legales de la prisión preventiva, y que todavía no tiene fecha el juicio oral.

Entre noviembre del año pasado y marzo de 2019, el Tribunal Oral Federal subrogante de Bahía Blanca ordenó la libertad de 34 militares acusados de delitos de lesa humanidad que aún esperan el juicio, entre los cuales está Videla. En casi todos los casos, la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal respaldó la decisión del tribunal de primera instancia.

Ante esta situación, el 20 de mayo, el fiscal general ante la Casación, Javier De Luca, presentó un recurso extraordinario para que la Corte Suprema deje sin efecto la decisión de la Cámara y devuelva a Videla a la cárcel. “La Unidad Fiscal Federal de Derechos Humanos considera que los plazos de las prisiones preventivas resultan razonables y que los ceses dispuestos generaban riesgo procesal”, esgrimió el fiscal en su argumentación.

Lobo suelto

Malvina se sacudió la modorra de la cara y fijó la vista. Había salido como todos los domingos a comprar el diario y la camioneta del “Servicio Penitenciario Federal” en la puerta del caserón vecino le llamó la atención. La escena se volvió a repetir, y cuando tuvo oportunidad le preguntó a uno de los comerciantes de la cuadra. “Es un milico muy malo”, le respondió.



Durante el tiempo que estuvo detenido en la cárcel federal de Ezeiza, Videla tuvo permiso para salir los días domingos a visitar a su mujer, que por aquel entonces estaba muy enferma. La camioneta de División Traslados y al menos uno de los penitenciarios esperaba en la puerta.

Videla es un hombre bajo, alrededor de un metro sesenta, que no reproduce el physique du role de un militar. Llevó el pelo largo y ahora lo usa rapado con una especie de jopo. “Tiene un corte de pelo como los que usan los chicos ahora”, lo describe la bióloga Alejandra Rossi.

Lo sabe porque compartió con él esas tardes del taller de literatura en las que se reunían a leer en el Centro Cultural Macá. Al principio no le llamó la atención el apellido del nuevo integrante: “Videla es un apellido dentro de todo común y además se presentó diciendo que era ingeniero en sistemas”.

En marzo, cuando se cumplieron 43 años del último golpe de Estado, Camila, la profesora del taller, propuso dos textos del chileno Roberto Bolaño. «Sensini» y «el Ojo Silva» son cuentos atravesados por los mismos ejes: el exilio, la dictadura chilena y la violencia. El 22 de marzo era el turno de analizar Sensini, el relato en primera persona en el cual Bolaño cuenta su amistad epistolar con el escritor argentino exiliado en España, que nunca volvió a ser feliz desde el secuestro de su hijo, en manos de los grupos de tareas de la dictadura argentina. Videla llegó unos minutos antes al Macá y se presentó ante la dueña del centro cultural. Elisa Araujo disimuló el espanto como pudo, sabía quién era. Estaba advertida sobre el represor suelto en Villa Elisa.

La primera reacción, después del temor, fue mudar el taller de literatura y hacerlo en una casa distinta cada viernes como estrategia para sacarse de encima a Videla. No funcionó. Uno de los primeros mensajes de la cadena de mail fue el suyo: “Es una gran pena tener que suspender. Debe haber y podemos hacer algo. Algunas ideas pueden ser: seguir reuniéndonos. Continuar con las lecturas y temas. Utilizar otro lugar si en maca no se puede. Las riendas del taller pueden ser llevadas con responsabilidad para alcanzar llegar a feliz término. Espero ideas. Gracias”.

Después de algunas semanas el taller se refundó en la librería Villa Elisa, en el centro viejo que tiene esa localidad de las afueras de La Plata. Sandra Martínez, integrante de la comisión “Vecinos por la Memoria la Verdad y la Justicia de Villa Elisa” y dueña del espacio, estaba advertida de la situación y no dudó cuando lo tuvo a Videla cara a cara.

El hombre entró una mañana y preguntó por las clases de literatura. En la vereda, el anuncio del curso tenía el nombre de la misma profesora que había tenido en el Macá. Apenas dijo su nombre, la mujer lo cortó: “Qué apellido con tanto peso”. Videla intentó explicar el árbol genealógico y se remitió al primer Videla, un español de la conquista, pero Sandra lo volvió a interrumpir:

—No, me refiero al Videla más reciente.

—Bueno eso depende de quien lo mire— titubeó el subteniente.

—Hay una sola manera de mirarlo.

Sandra dio por terminado el diálogo. Videla no volvió a la librería y el curso se suspendió hasta nuevo aviso.

El represor Videla cuando había sido detenido antes de volver a recuperar la libertad


En el taller literario, cada uno reaccionó como pudo. Algunos decidieron no ir más. Otros sugerían que si la Justicia lo había dejado libre no había nada para hacer, que por algo sería. Malvina tiene una historia vinculada a la defensa de los Derechos Humanos y pasa todos los días por el caserón de Videla sobre la diagonal 426. El frente está tapiado con una lona verde y a veces se ve una bandera argentina flameando en lo alto. “Este tipo se muestra por todo el barrio y nosotros desaparecemos… es muy loco lo que nos pasa”.

El subteniente

El despliegue de personal y vehículos militares rompió la calma de la madrugada del 23 de julio de 1976. Los vecinos vieron cómo un grupo de uniformados y otros de civil se metieron en el edificio de la calle Soler 350. De allí salieron encapuchados dos personas; su destino, el Batallón de Comunicaciones 181.

El frente de la casa donde vive Eduardo Videla como un vecino más del barrio


José Partnoy, secretario administrativo de la Región Sanitaria Primera, y su hijo Gustavo de 16 años y estudiante secundario, fueron secuestrados por la patota a cargo de Videla. Delante de su familia los esposaron y vendaron. A los empujones los metieron en un camión y los trasladaron al predio del V Cuerpo del Ejército. Según consta en la causa judicial, padre e hijo fueron alojados en un calabozo e interrogados bajo tortura y luego llevados al gimnasio del Batallón 181. El 29 de julio fueron sacados del lugar donde los tenían cautivos y sus torturadores montaron un simulacro de fusilamiento. Desde ese día y hasta su liberación, el 6 de agosto de 1976, estuvieron alojados en La Escuelita, donde las condiciones de detención empeoraron.

“Nada más importante en tiempos de guerra que la celeridad en las comunicaciones”, dice la frase del general José de San Martín que se repite en distintos carteles dentro del Batallón de Comunicaciones 181, emplazado en el predio del V Cuerpo del Ejército, a unos siete kilómetros del centro Bahía Blanca. La Compañía “Combate Mayor Keller”, a cargo de los operativos de secuestros durante la última dictadura, es unas de las secciones del Batallón y lleva el nombre del capitán Alberto Keller, muerto durante un enfrentamiento con integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo en agosto de 1975 y ascendido a mayor post mortem.

En el predio del V Cuerpo existieron dos centros clandestinos de detención: el gimnasio del Batallón 181 y La Escuelita –una réplica de la Escuelita de Famailla, el primer centro de torturas creado en 1975 en el monte tucumano-, al cual se accedía por el camino de la Carrindanga.

A los 21 años, Eduardo Carlos Videla ya ostentaba el cargo de subteniente. El batallón 181 fue su destino desde 1976 hasta 1979, momento en el que fue trasladado a Campo de Mayo. Como jefe de sección de la Compañía Mayor Keller, la Justicia determinó que es responsable del secuestro y las torturas sufridas por al menos 52 personas detenidas ilegalmente.

Los vecinos se organizaron para realizar un acto de repudio en el Pasaje de la Memoria


Los corderos se desatan

Después del estupor, los vecinos de Villa Elisa se organizaron y decidieron hacer público su descontento por la libertad de Videla. Organizado por la comisión de Vecinos por la Memoria la Verdad y la Justicia, este sábado, a partir de las 15, se realizará un acto de repudio en el Pasaje de la Memoria, en calle 6 y Arana. “Como vecinos no queremos que los genocidas caminen libremente por las calles. Para cada uno de ellos exigimos que sean juzgados con todos los derechos y garantías que nuestras leyes ofrecen y que cumplan sus condenas en cárceles comunes”, reza la invitación.

El abogado Pablo Llonto, el juez Carlos Rozanski y la especialista en comunicación y criminología, Azucena Racosta, son los invitados a participar de un panel para analizar los pormenores y detalles de la situación de Videla. Pero sus nombres y rostros no aparecieron sólo en los afiches que publicitan el acto: el portal prisioneroenargentina.com publicó las fotos de cada uno de ellos y advirtió sobre un supuesto ataque a la casa de Videla.

"No queremos que los genocidas caminen libremente", dijeron desde la comisión de Vecinos por la Memoria la Verdad y la Justicia


Sandra Martínez, una de las organizadoras de la jornada, aclaró que no se trata de un escrache y que por ese motivo se eligió el Pasaje de la Memoria como escenario y no la casa del represor. La nota en el portal está firmada por Mario Alfredo “el churrasco” Sandoval, un torturador de la ESMA que vive desde 1985 en Francia, fue asesor en temas de Seguridad y Defensa del gobierno de Nicolás Sarkozy, y que el 28 de mayo perdió el último recurso para dilatar en la justicia francesa el pedido de extradición de la Argentina.

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