La insoportable levedad

Todo fue rápido: se conocieron una primavera, en el verano ella ya lo había denunciado y una noche del invierno siguiente, Leonardo Cechi la golpeó tanto que Flavia Rudez recién pudo volver en sí unos 15 días después, con múltiples fracturas en su cuerpo. Ahora, un inédito y polémico juicio por jurados lo dejó libre y lo condenó sólo por lesiones leves y no por intento de femicidio. Él dice que lo acusaron porque la violencia de género “está de moda”. Ella tiene terror de volver a compartir el mismo aire, las calles, el barrio, un micro.


Leonardo Cechi fue excarcelado y condenado apenas por lesiones leves





Por Lula Bibini
Fotos: Leo Vaca
Publicada: 21/08/19



 —Dígame, Sr. Cechi —preguntó la representante del Ministerio Público Fiscal, Silvina Langone, al imputado—. En alguna oportunidad, ¿tuvieron discusiones?

—Lógicamente, como toda pareja, Doctora.

—Y en el marco de esas discusiones, en algún momento, ¿usted la insultó?

Leonardo Cechi pensó un momento. Enfrente suyo, los 12 integrantes del jurado esperaban, como Langone y las partes, la respuesta:

 —Decirle no, miento. Y decirle sí, también estaría mintiendo. En las discusiones uno puede decir “che, boluda”, “che, tarada”, como ella también a mí.

 —Y en el marco de esas discusiones, ¿alguna vez le levantó la mano? ¿Alguna vez la golpeó?

—No.

Leonardo Cechi declaró alrededor de una hora en la última audiencia del juicio por jurados que lo tuvo como imputado, acusado por la fiscal Langone de lesiones graves agravadas por violencia de género, y por las representantes de la particular damnificada, Sofía Caravelos y Guadalupe Godoy, de tentativa de homicidio doblemente agravado por mantener una relación de pareja con Flavia Rudez, la víctima, y por mediar violencia de género.

Su declaración fue la última de los cuatro días que duró el juicio y durante la misma expresó que él había pedido tener al pueblo adelante suyo y que la acusación en su contra le parecía injusta porque estaba de moda: “Ahora todo es violencia de género”, dijo.

El viernes, pasada la medianoche y luego de escuchar las instrucciones del juez Claudio Bernard del Tribunal Oral Criminal II de La Plata, y de deliberar alrededor de dos horas, el jurado decidió culpar a Cechi de lesiones leves agravadas por el vínculo y por violencia de género, un delito menor que lo excarceló en ese mismo momento, lo que desdibuja la respuesta del Estado a la víctima ante casos de violencia de género.

 *** 

“Le tengo terror, por eso volvía a la casa”

Flavia Rudez conoció a Leonardo Cechi en los últimos meses de 2014, cuando se acercó a la esquina donde él trabajaba limpiando vidrios, en 13 y 72, en La Plata, para vender golosinas en el semáforo. Flavia vivía con sus cuatro hijos en una casa en 160 y 66, en Los Hornos, a la que, al poco tiempo de conocerlo, llevó a vivir a Leonardo.

Ante el jurado, Flavia describió su vínculo con Cechi como una relación en donde él era sumamente agresivo, controlaba el dinero que ingresaba y no sabía en qué lo gastaba, que era dominante, adicto a las drogas, que no le permitía tomar la medicación para su epilepsia, que la separó de su familia y amigas. Y también la separó de sus dos hijos mayores a quienes Cechi echó del hogar, y que la golpeó en reiteradas ocasiones provocándole la pérdida de la audición del oído izquierdo.

La víctima Flavia Beatriz Rudez junto a su madre, esperando el veredicto


En varias oportunidades, después de las golpizas, ella se escapó del hogar y llegó a dormir en la calle. En diciembre de 2014, acompañada por una amiga, lo denunció en la Comisaría de la Mujer y el Juzgado de Familia dictó una medida de protección que Cechi ignoró.

 —Yo no quería volver porque él me iba a matar —dijo Flavia ante el jurado—. Pero le tengo terror, por eso volvía a la casa.

La causa que mantuvo a Leonardo Cechi detenido durante cuatro años se inició el día 10 de julio de 2015, cuando Flavia Rudez ingresó al Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero derivada de la Unidad de Pronta Atención (UPA) de Los Hornos, a donde había sido llevada por una persona que no acreditó su identidad.

En esa oportunidad, además de fracturas en las costillas, corrimiento de mandíbula, hundimiento del parietal izquierdo, golpes en los miembros y en el cuello, presentaba traumatismos de cráneo severos que le impedían caminar, hablar y controlar esfínteres, por lo que llevaba puesto un pañal.

Flavia declaró que Cechi, días antes de que ella fuera ingresada al hospital, la había agredido con un elemento que aún no logra identificar en sus recuerdos. La siguiente imagen es en el hospital.

La agresión -contó ella- vino luego de un hecho puntual: el 6 de julio Flavió quiso separarse. Ese día, que era su cumpleaños, ella había tenido una convulsión en la madrugada, mientras dormía. Cuando se levantaron, caminaron hasta 13 y 72 para pedir dinero auto por auto en los semáforos, y a la vuelta, también caminando, Flavia pidió mercadería en algunos negocios para poder cocinar el guiso que cenaron esa noche. Mientras lavaba los platos, le dijo a Cechi que quería separarse y que podía quedarse dos o tres meses mientras lo ayudaba a juntar plata en el semáforo para que se mudara a una pensión.

 —Él se quedó como ausente, raro, sentado en la cama mirando para afuera —declaró, y agregó—: Terminé de lavar los platos, me acosté y me desperté a los días.

Después de estar 15 días internada y varios meses en rehabilitación, Flavia recuperó el recuerdo, como flashbacks, de estar acostada y de que Cechi, parado a los pies de la cama, comenzara a pegarle con un objeto que no logró identificar.

Cechi no negó absolutamente nada de eso en su declaración. Directamente construyó un nuevo relato en el que ayudaba a Flavia, y volvería a ayudarla, si ella no estuviera influenciada por su familia.

 ***

Los juicios por jurados son un instrumento de administración de justicia establecido por la Constitución Nacional desde 1853 pero que en nuestro país se puso en funcionamiento con mayor fuerza recién hace cuatro años.



En un juicio de este tipo, los jurados son los jueces de los hechos, mientras que el juez profesional que dirige el debate es el juez del derecho. Es éste el que decide qué prueba es admisible, verifica la formulación de preguntas, confecciona las instrucciones para los jurados, explica cuál es la ley aplicable al caso y, finalmente, resuelve la pena aplicable en caso de darse un veredicto de culpabilidad. La ley establece que el Tribunal de jurados podrá aplicarse en los delitos con pena máxima que exceda los 15 años de prisión o reclusión.

El juicio contra Leonardo Gastón Cechi fue el primero en la provincia de Buenos Aires con defensa oficial y comenzó el martes 12 de agosto cuando 36 personas cuyo DNI termina en la cifra 022 fueron citados en el Poder Judicial de La Plata. A media mañana fue la primera selección de los integrantes, basada en preguntas que formularon las partes y que respondían a particularidades de la causa que debían juzgar: violencia de género, medios de comunicación, trabajo informal, estereotipos.

—¿Te diste cuenta que a los que no eligieron son a los que hablaban más? —le dice una de las seleccionadas a la mujer que tiene al lado.

—Me voy a tener que venir toda la semana desde Bavio. Tendrían que haberme dejado ir, como a la de Saladillo —le responde, y entre risas agrega—: Yo lo que quiero es que nos saquemos todos una foto, porque somos el 22, estamos todos re locos.

Después del mediodía se hizo un sorteo entre los primeros seleccionados del que surgieron los 12 titulares y los 6 suplentes. Una mujer de este último grupo tuvo que reemplazar a una de las juradas que sufría de ataques de pánico y a la que dejaron retirarse.

La primera jornada, en donde el jurado escuchó las instrucciones del juez, los alegatos de apertura y la declaración de Flavia Rudez, se extendió hasta las 6 de la tarde y así fueron las siguientes audiencias, en las que declararon la madre y la hermana de Flavia, una amiga, la médica de guardia del Hospital Melchor Romero que recibió a Flavia de la UPA de Los Hornos, neurólogos, psicólogos, médicos de guardia y un chofer del móvil del Comando de Prevención de Los Hornos, quienes prestaron su declaración para describir una y otra vez las lesiones y el deterioro en la salud que presentaba Flavia.

El acusado Leonardo Cechi declarando ante el Tribunal 


Gladys López, la defensora oficial de Cechi, planteó una estrategia para demostrar que las lesiones de Flavia eran resultado de una convulsión producto de su epilepsia, que muchas de sus lesiones eran anteriores al hecho, y que, coincidiendo con la declaración que realizó el imputado, cualquier otra persona podría haberle causado las lesiones a Flavia porque la puerta trasera de la casa quedaba sin llave.

Cechi declaró que él la había visto caer en el piso del baño, que la recostó, que durante varios días desfilaron por su casa médicos que dijeron que Flavia debía descansar e hidratarse, que él se iba a trabajar y volvía a cuidarla, y que como no mejoraba decidió llevarla al UPA.

——¿Cuándo le pusiste los pañales a Flavia? —lo interrogó Caravelos.

— Medio día antes de que tomara la determinación de llevarla a la guardia, porque era sacarla de un lado y ponerla en el otro, y sacar el colchón para afuera. Así que dije “no, pará, esto ya no es un ataque de epilepsia. Basta de sacar el colchón para afuera, todos los días estoy sacando el colchón para afuera. Le pongo un pañal y listo”.

En el alegato de clausura, Caravelos sostendrá que Cechi no le puso un pañal para ayudarla, “le puso un pañal para que no lo ensucie”.

 ***



Las instrucciones que el juez Bernard leyó a los integrantes del jurado pasadas las 22 horas del viernes indicaban que en el momento de la deliberación tenían que decidir si Cechi era culpable o no de lo que se lo acusaba y que, en base a su decisión, debían completar el formulario del veredicto, que tenía 14 opciones que iban desde la tentativa de homicidio doblemente agravado por mantener una relación de pareja con la víctima y por mediar violencia de género hasta las lesiones leves.

Alrededor de las once de la noche el jurado entró a deliberar. En la sala quedaban algunos familiares y un par de personas que estaban acompañándolos. Afuera, en los pasillos, solo estaban el oficial de guardia y una mujer que, recostada en los asientos de plástico, pasaba su cuarta jornada completa esperando a su marido, integrante del jurado, para volver a su casa en Olmos.

Después de casi dos horas de deliberación, el jurado se expidió y declaró a Cechi culpable del delito de lesiones leves agravadas por el vínculo y por violencia de género, delitos que no constituyen una pena de 15 años. La defensora oficial solicitó ahí mismo la excarcelación de su defendido y el particular damnificado pidió instantáneamente medidas de exclusión que protegieran a la víctima.

—No entiendo cuál es la lesión leve —dice Yamila Rudez, hermana de Flavia, a Perycia—. Tiene más denuncias, ha violado perimetrales.



Yamila, como toda su familia, está enojada. Cree que esto va a llevar a Flavia a retroceder en todo lo que adelantó en cuanto a su salud. El viernes por la tarde, tanto ella como Flavia y María, su madre, se habían mostrado expectantes y sentían que el jurado iba a valorar por completo el relato de Flavia.

—Que lo hayan encontrado culpable nos permite pensar en el recurso de apelación —explica a Perycia Sofía Caravelos, la abogada particular de Flavia—. Pero hay algunas deficiencias en este tipo de juicios, sobre todo en lo que refiere a violencia de género. Además, se supone que los miembros del jurado son los jueces de los hechos, no de las leyes.

 —Flavia no se levanta de la cama desde el viernes, desde el veredicto —dice Yamila—. No sabemos qué hacer. ¿A cuántas mujeres con botón antipánico mataron igual? La casa de Leonardo queda a pocas cuadras de la de mi mamá y para poder llegar se toman el mismo ramal de micro.

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