Domiciliaria a Flavia Saganías: el milagro de Navidad que no llegó

La mujer que hace exactamente un mes atrás fue condenada a 23 años de cárcel por escrachar en Facebook al abusador de su hija, sigue esperando que la justicia cordobesa le conceda la prisión domiciliaria que ya fue avalada por una fiscal subrogante. Sus cinco hijes siguen esperando poder abrazarla antes de que termine el año.


Foto: Eugenia Marengo

Por: Anita Aliberti
Fotos: Gentileza Fb de ASI NO Capilla del Monte / Sebastián Badaracco / Eugenia Marengo
Publicada: 27/12/19

En los próximos días la justicia cordobesa deberá decidir si la mujer que está presa desde el 27 de noviembre pasado por escrachar en Facebook a quien denunció por abusar de su hija, podrá obtener prisión domiciliaria. La fiscal subrogante de la ciudad de Dean Funes, Fabiana Pochettino, avaló el pedido de la defensa de otorgarle prisión domiciliaria, para que pueda regresar a su casa con sus cinco hijes “evitando de esta manera que los efectos del castigo se trasladen a sus hijes que esperan por ella”, escribieron desde la cuenta “Justicia por Flavia Saganías”. Ahora resta que la Cámara que dictó sentencia disponga lo mismo y la medida se concrete. Mientras les hijes esperan ansiosxs a la mamá, pasaron la navidad con las mujeres que acompañan en la lucha desde el primer día, las que primero escucharon a Flavia, las que se dividen días y horarios y relegan tiempo con sus actividades para estar con ellxs.

La condena a Flavia Saganías es correctiva: en agosto de 2017 y después de un largo proceso, logró por fin denunciar a su expareja Gabriel Fernández por abusar sexualmente de su hija, que entonces tenía 6 años. Sin embargo, se ordenó una investigación que tanto la mujer como las organizaciones feministas que la acompañan denuncian, como mínimo, de irregular. Se negó el hecho después de una cámara gesell rápida, donde la niña ni confirmó ni negó: sólo guardó silencio. Con esa única prueba el fiscal de Cosquín, Martín Bertone, archivó la causa. En medio de la desesperación, Flavia publicó un mensaje en su cuenta personal de Facebook para alertar a los vecinos del pueblo: “Este abusador de niños, denunciado en la fiscalía de Cosquín sigue suelto. Un violador más que sigue libre entre nuestros niños. Se llama Gabriel Fernández y vive en calle Pampa al fondo. Por favor difundir. Cuidémonos entre nosotros ya que la justicia no hace nada”. El texto duró apenas unas horas; aunque Mónica y Emiliano, su madre y hermano que viven en Buenos Aires, llegaron a leerlo. Decidieron viajar ese mismo día a Córdoba y actuar por su cuenta: ataron y golpearon a Fernández, e incendiaron su casa. 

La Cámara del Crimen de Cruz del Eje dictó la sentencia que antes había votado un jurado popular, considerandolo un caso de “justicia por mano propia” y culpó a Flavia de planear el ataque. El 27 de noviembre la condenaron -junto a su mamá y su hermano- a 23 años de prisión: tres años más que el máximo de la pena que se prevé para un delito de abuso sexual a une niñe. Aplicaron para Flavia la figura de “tentativa de homicidio agravado por el vínculo, ensañamiento y por el concurso premeditado de dos o más personas”, sin más pruebas que la publicación de Facebook y un puñado de mensajes que mandó desde su teléfono a las amigas.

“El temor fue lo que la llevó a postear una advertencia”, explica Carlos González, el abogado que tomó la causa cuando Flavia ya estaba acusada. “Al sentirse desamparada por la justicia, porque no había contención psicológica ni para ella ni para su niña, y sobre todo con el denunciado hostigándola permanentemente en esos días”, agregó. Los abusos a la niña comenzaron cuando Flavia estaba puérpera, y en un contexto de violencias cruzadas. “Ella estaba sufriendo violencia física, económica, psicológica y sexual por parte de Fernández, lo que la llevó a un estado de vulnerabilidad absoluta”.



Entre los fundamentos que se difundieron la semana pasada para justificar por qué Flavia recibió la misma pena que quienes agredieron a Fernández, los camaristas sostienen que “Flavia Saganías, por serias desavenencias con su ex pareja, orquestó la denuncia del supuesto abuso sexual sufrido por su hija con única finalidad de perjudicar a G.L.F. y lograr que quede preso”. Los jueces suponen además que “se puede inferir, por ser lo que la experiencia común enseña, que si tuvo una actitud pública sobre un tema tan sensible y privado, previamente lo comentó en un marco de intimidad entre sus personas más allegadas y dentro de ellas se encuentran su madre y sus hermanos”. Para llegar a la conclusión de su culpabilidad, los magistrados enriedan los argumentos: igualan el hecho de que hubiera comentado con sus familiares su bronca por la desestimación de su denuncia judicial -cosa que tampoco está probada, sólo “inferida”- con el extremo de que hubiera orquestado una venganza con ellos.

A falta de evidencias sólidas, el fallo de la Cámara que consideró a Flavia como el cerebro del ataque, está lleno de apelaciones al sentido común: “el argumento (de sus familiares) de no haber mantenido contacto alguno el día del hecho con Flavia Saganías se cae por su propio peso, porque se contrapone con el básico sentido común y porque además no dieron razones de sus dichos”. Según razonan los camaristas, “el sentido común indica que si hicieron el esfuerzo de viajar desde lejos, por varias horas y toda la noche, con la finalidad de venir a buscar a la nieta y sobrina de ellos y además llegaron a primeras horas del día, es muy probable que hayan encontrado a Flavia, o que en caso de no haber sido así la buscaran hasta dar con ella, porque el objetivo era –según su versión- buscar a la niña”.

Desde fundamentos del estilo confinaron a Flavia a la cárcel de mujeres de Bouwer, al sur de la capital de Córdoba, sus hijes de 19, 15, la niña que ahora tiene 9 y los mellizos de 3 años, están solxs. Fernández, por el contrario, camina libre por las calles del pueblo. Aunque el 22 de noviembre, la fiscal Paola Kelm de Cosquín dio lugar al pedido de una nueva investigación judicial a raíz de nuevas pruebas que demuestran que el abuso sí existió. “A partir de todo el tratamiento que fue llevándose adelante con personas formadas en delito sexual en la infancia, se consiguió que la niña pueda verbalizar, pueda expresarse, pueda a través de dibujos, de relatos hablados, ir contando lo que le sucedió”, contó el abogado de Flavia Carlos González a Perycia. 

En 2016 y con los mellizos en camino, Flavia temió perder el embarazo. Entonces tomó la decisión de parir en Buenos Aires, donde vive su familia. Al regreso notó que la niña comenzaba a tener pesadillas por la noche, trastornos hormonales y masturbación precoz, además de indicadores concretos como cambios de carácter; se enojaba mucho con sus hermanos y en el colegio se aislaba. “El primer desamparo que recibió Flavia por parte de la justicia es que no se le informó que podía constituirse como querellante, ni que tenía derecho a acceder a un patrocinio jurídico gratuito, para proponer peritos de control en las instancias probatorias de carácter psicológico que le hicieron a la niña”, agregó el letrado González. Si bien él no formaba parte entonces de la defensa, comprobó leyendo el expediente que se tomaron medidas “antiprotocolares, violentas y revictimizantes hacia Flavia y su hija”.

Para empezar, la Justicia desconoció el contexto. Su abogado cuenta que al momento de la pericia, la niña estaba amenazada por el sujeto y traumatizada por cómo se estaba abordando el proceso judicial: no pudo hablar. Con esa única Cámara Gesell y el informe de una médica que dice que la niña no se dejó revisar, el fiscal Bertone archivó la denuncia.



Como muchas madres de niños, niñas y adolescentes víctimas de Abuso Sexual en la Infancia (A.S.I.), Flavia ingresó al mundo de la justicia sin ningún tipo de contención. Sí tuvo el apoyo, desde el primer momento, de la Mesa Intersectorial de Género y Protección de los Derechos de NNyA. “Conocimos a Flavia en 2017, a poco más de un mes de la agresión hacia el abusador de su hija. Hace cinco años que funcionamos como grupo totalmente ad honorem que acompaña a víctimas de violencia y vulneración de niñez, ante la desidia del Estado”, cuenta a Perycia Paula Rodríguez, integrante de la Mesa.

“Logramos que la niña inicie tratamiento en el hospital de Córdoba, donde finalmente consigue los certificados de ASI positivos. Y en el acompañamiento comunitario fue que propusimos a las mamás que se conformen como grupo”. Flavia y otras cuatro mamás conformaron entonces A.S.I. NO, una organización comunitaria contra el abuso sexual en la infancia y la adolescencia. Incluso se han capacitado como preventoras en abuso. “Algunas han ido y venido”, cuenta Paula: “No todas tienen la fortaleza de permanecer en la lucha exponiéndose”.



Paula asegura que en Capilla del Monte faltan políticas públicas para atender estos casos: “Acá el Estado brilla por su ausencia, las mamás la vienen luchando solas”: “De los hijxs de Flavia nos estamos haciendo cargo las compañeras. El hijo mayor, de 19 años, está cayendo en esta noticia, en el sostener a sus hermanos y hermana en el día a día. Los mellizos cumplen 3 años en unos días y están muy tristes, preguntan todo el día por su mamá. Nadie se imaginaba que iban a darle prisión preventiva”. Flavia pasó la Nochebuena encerrada en una celda, lejos de sus hijes. De la velocidad de la Justicia depende que no reciba en el mismo lugar el año nuevo.


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