“A nosotros no nos mata el coronavirus, nos mata el aire envenenado por Klaukol”

Cansados de respirar aire contaminado, los vecinos de Las Mercedes, en Virrey del Pino, continúan el acampe frente a la planta cementera Klaukol. Este miércoles 9 a las 14 convocan a una movilización y escrache al municipio de La Matanza. 





Por Soledad Iparraguirre

Publicado 8/9/2020

 

Susana Aranda tiene 62. Su último cumpleaños, días atrás, lo pasó en el acampe, tras haber iniciado hace un mes una huelga de hambre y no toma de medicación. Cuando en 2009 explotó una de las tolvas y el barrio quedó cubierto de polvillo claro, Susana se preguntó qué pasaba. En aquel momento la empresa proveyó los elementos de limpieza y un resarcimiento económico a los vecinos afectados. Debían firmar un papel en el que declaraban no intimar a la planta. 

Aranda recorrió el barrio y armó un relevamiento, al que Perycia tuvo acceso, cuyo resultado provoca escalofríos: enfermedades renales, malformaciones, leucemias, tumores y cáncer eran comunes en cada cuadra del barrio. Más de cien vecinos murieron en los últimos años. Susana puede indicar, con absoluta certeza, cuántos de ellos fueron muriendo en cada casa. 

“Estoy cansada, decepcionada, con bronca. Once años es mucho. Ahora Klaukol es del grupo Sika, de bandera suiza, más poderoso. Trabajan mucho más. Nuestra vida es invivible, pero nuestra casa sigue acá, nuestra familia sigue acá, mi nuera con cáncer sigue acá. Quisiera sacar a mi familia de esta trampa mortal pero estamos condenados a la pena capital y nadie ve ni hace nada. De la pandemia podemos cuidarnos con barbijo y distanciamiento. Pero de Klaukol no tenemos escapatoria. El único protocolo asegurado es el cáncer y la muerte”. 

-¿Cuándo alguien va a decir basta? En el acampe terminamos con los barbijos empastados, los ojos en compota. La única salida para nosotros sigue siendo un cajón. A nuestros vecinos no los mató el coronavirus, los mató el aire contaminado que respiramos. Vidrio molido, eso respiramos- dice Aranda. 

Es la cuarta semana de acampe de los vecinos autoconvocados por la contaminación de Parex-Klaukol frente a las puertas que la planta cementera tiene en el barrio Las Mercedes, Virrey del Pino. En este patio trasero de La Matanza, los vecinos mantienen una lucha desigual contra el envenenamiento provocado por las emanaciones tóxicas que despide la planta. No hay pandemia que frene la producción, y las chimeneas escupen sílice cristalina, respirable, - y cancerígena- las veinticuatro horas. También, cromo, arsénico y plomo, entre otros metales pesados. 

Susana es hipertensa, tiene problemas respiratorios y lleva un marcapasos. 

–Yo ya perdí el miedo. Estoy pegando un grito, pido que dejen de matarnos. Klaukol nos enferma y nos mata. Estamos reclamando por el aire que respiramos. Y no lo digo sólo yo ni los vecinos que acompañan. Lo dijo la Justicia cuando a través de un recurso de amparo sacaron del barrio a un chiquito que por problemas respiratorios no podía seguir viviendo acá-. 

Susana se refiere a Benjamín Oroná, un niño oxígeno dependiente. Su mamá obtuvo un fallo favorable y pudieron dejar el barrio. 

En mayo pasado, la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) intimó a Parex Klaukol por emisiones fuera de parámetro. El registro de la Estación de Monitoreo Continuo de Calidad de Aire indicó niveles por encima de los límites admisibles de material particulado PM10 y PM 2,5. Estas medidas hacen referencia al tamaño del material particulado presente en el aire. Las partículas más pequeñas son respirables e ingresan en los órganos, pudiendo provocar, entre otras patologías respiratorias, daño pulmonar. 

Un cuerpo de inspectores se presentó en la planta que, ese día, sorpresivamente, no operaba. La intimación quedó en letra muerta, como otras sanciones recibidas por la empresa. 



“Han venido varias veces del OPDS a controlar. Ellos saben muy bien que hay material particulado cancerígeno en el aire. Ellos les dan la luz verde a las chimeneas, colocan las colectoras, ese día Klaukol no trabaja, se las llevan y los parámetros les dan bien. ¿De qué parámetros hablamos? El OPDS es tan criminal como el intendente Espinoza y los dueños de Klaukol” cuenta Susana. 

-No queremos más relevamientos ni sanciones que no sirven para nada. No queremos más paliativos, en el barrio los vecinos se siguen muriendo- cuenta a Perycia Gerardo Alonso. 

Gerardo es viudo. Perdió a su mujer de cáncer de pulmón a los 40 años. A los pocos meses, murió su cuñada de 43. También fallecieron sus suegros. Gerardo quedó solo con su hija menor. Juntos atienden la librería que les permite subsistir en medio del desamparo. “Estamos cansados. Cuando vienen a controlar, les avisan antes. Colocan una recolectora y la empresa no produce, o produce a una sola chimenea. Las mediciones indican los valores permitidos y nada cambia. El acampe sigue estando pero ellos juegan al desgaste. Una noche nos rompieron los carteles y días atrás a un vecino lo persiguió un auto. Fue claramente una actitud sospechosa, intimidatoria. La rotura, la persecución. 

No es la primera vez que pasa. Mientras, nos seguimos muriendo”. No es la primera medida de acampe ni de huelga de hambre de Susana Aranda. “Están destruyendo todas mis creencias. Cuando golpeaste todas las puertas que tenías que golpear y nadie tira un salvavidas. Lo saben el municipio, principal responsable, los poderes provinciales, lo sabe el OPDS, ACUMAR, la Justicia. 

Yo ya perdí el miedo a la muerte. Todos esos poderes saben que lo que respiramos es cancerígeno y nuestras vidas no cotizan para ellos. Klaukol sí, cotiza en bolsa. Pero yo pido por mis hijos, por mis nietos. Esto es un exterminio sistemático y yo no voy a dejar que decidan cómo voy a morir. 

Hay que estar acá para saber cómo vivimos el día a día, cómo sufrimos. Los gobiernos pasan y nadie nos cuida. Ellos siguen facturando: nosotros seguimos muriendo”. 

Perycia se comunicó con ambos organismos de control. Desde el área de prensa de ACUMAR no hubo respuesta y el OPDS quedó en derivar las ya reiteradas consultas de este medio al área correspondiente. 

En su voz cansada pero entera, aún resuena el clamor de justicia, en un grito ahogado.//


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