Dar luz a la violencia

Después del trato deshumanizado en el parto, la mala praxis, seis operaciones, internaciones, terapia intensiva y estado de coma, a Nancy su bebé no la reconoció. Un testimonio en primera persona de la violencia obstétrica, naturalizada, invisibilizada e impune. Pese a que afecta a casi el 80 por ciento de las mujeres que parieron, no hay juicios ni condenas.  




Por Lujan Torrez

16/4/2021

La casa estaba lista. 

Nancy y su pareja habían acondicionado todo para recibir su segundo hijo. El cuarto para el bebé ya estaba preparado. Tras nueve tranquilos meses de embarazo, esperaban por parto natural. 

Era domingo a la mañana cuando Nancy sintió la panza dura. Era el momento. Fue junto a su marido a la Clínica Espora de Adrogué, en la provincia de Buenos Aires. La recibió una enfermera quien, luego de revisarla, le dijo que no estaba dilatada y que volviera a la tarde o al otro día temprano porque en ese momento no tenían cama para internarla. 

Nancy volvió a su casa pero a las dos de la tarde los dolores se hicieron insoportables por lo que regresó al hospital y le pidió a la doctora que hicieran algo para ayudarla a dilatar. Le consiguieron una cama y le aplicaron el goteo. 

Todo indicaba que el parto iba a ser natural pero cuando le rompieron la bolsa se dieron cuenta de que el bebé había defecado adentro y se estaba asfixiando, por lo que la derivaron de urgencia al quirófano para hacerle una cesárea. El bebé nació morado. “Se tendrían que haber dado cuenta que algo estaba pasando, yo se los dije y no les importó”, recuerda Nancy. 

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La violencia obstétrica es uno de los tipos de violencia que se ejerce contra las mujeres y tal vez una de las más naturalizadas, a tal punto que suele no reconocerse. Está contemplada en la Ley 26.485 “De protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres” en su artículo 6. 

Este tipo de violencia afecta a la mujer y a su bebé durante el embarazo, el parto e, incluso, el postparto. Una forma de evitarla es exigir un parto humanizado, amparado por la Ley 25.929, donde se consideran como prioridad los deseos de la mujer y no los del personal de salud. Entre otras cosas la ley garantiza que el parto respete los tiempos de la persona gestante, que no se la discrimine, que se respete la intimidad y que pueda elegir a una persona que acompañe el trabajo de parto, el parto y el posparto. 

Según esta ley, la violencia obstétrica se manifiesta mediante prácticas, conductas, acciones y omisiones que el personal de salud ejerce de manera directa e indirecta, en el ámbito público y privado, sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres. 

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Siete días después de parir, Nancy obtuvo el alta y regresó a su casa. Mientras amamantaba a su bebé, sentada en el comedor de su casa, notó que tenía la boca un poco roja porque con la leche le estaba saliendo sangre. 

La infección ya comenzaba a manifestarse pero no se dio cuenta hasta que empezó a levantar fiebre. Mientras tanto, juntaba fuerzas para salir todos los días de la cama y atender a sus dos hijos. Siente que eso fue lo que la mantuvo con vida. 

A los veinte días, Nancy tuvo su primera hemorragia. Cuando le sacaron los puntos, el útero se le cayó porque se lo habían suturado junto a la cesárea. Los bomberos tuvieron que sacarla de su casa y llevarla al Hospital Lucio Melendez, también en Adrogué, donde le hicieron un raspado y le dieron el alta. A las dos horas, Nancy estuvo de nuevo en su casa envuelta en un charco de sangre, tuvo que intervenir el SAME y lo que siguió para ella fueron seis entradas al quirófano, gangrenas, un mes y medio de internación, seis días en terapia intensiva y tres en coma. “Me trataron de recuperar el útero pero no se pudo, me tuvieron que sacar todo para poder vivir”, reflexiona Nancy, que ya no puede volver a quedar embarazada. 

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La Violencia Obstétrica se puede presentar de distintas formas. Las más comunes son mediante un trato humillante y denigrante, el abuso de la medicalización o la patologización innecesaria. Desde 2013 la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG) coordina una Mesa de Trabajo interinstitucional que aborda la Violencia Obstétrica. Su último informe arroja estadísticas que muestran que el 82% de las mujeres ha recibido un trato deshumanizado durante el parto y en un 34% de los casos no respetaron la decisión de la mujer. 

Luego de la internación, Nancy pesaba 39 kg, estaba anémica, piel y hueso, su pelo estaba largo pero lleno de canas, su panza alojaba muchas cicatrices y recuerda que no podía caminar ni tampoco podía percibir cuando tenía ganas de ir al baño. “Siento que volví a nacer y pienso que si yo no iba esa tarde de nuevo a la clínica, mi bebé se iba a morir en mi casa, adentro de mi panza”.

Nancy atravesó todas las complicaciones de la mala praxis y la violencia obstétrica en pleno puerperio. Luciana Re, del área de maternidades de la Red de Psicólogxs feministas, define el puerperio como un período de fragilidades, dudas y miedos, es decir, un momento trabajoso y de alguna manera cíclico atravesado por la falta de sueño, la lactancia y el agotamiento. “Con mayor o menor registro, este proceso se percibe como una vivencia que implica una ruptura con nuestra vida previa, o al menos con lo que creíamos tener bajo cierta organización”, explica .

 Julia Saulo, Fundadora de la Asociación Civil Feminista “Las Casildas”, explica que la vulnerabilidad de una mujer durante el parto es enorme y que se profundiza por el nivel de sumisión a la que está sometida desde el supuesto “saber” médico. En un posteo en sus redes sociales explica la violencia obstétrica y en los comentarios muchas mujeres dan cuenta de que el caso de Nancy no es aislado. Los testimonios van desde cesáreas que no estaban programadas, solo con el fin de tener algún beneficio económico, de exceso de fármacos y hasta muchas mujeres que no sabían que habían sufrido este tipo de violencia hasta que vieron el posteo en las redes. 

Según el Primer Índice Nacional de Violencia Machista publicado en noviembre del 2016 e impulsado por el movimiento #NiUnaMenos, el 77 por ciento de las mujeres entrevistadas atravesó una situación de violencia obstétrica. Entre los tipos de violencia más utilizados está el maltrato verbal. Más de la mitad de las mujeres encuestadas cuenta que tanto enfermeras como médicos se dirigieron a ellas con algún sobrenombre o diminutivo como “mamita”. 

“Yo tuve una mala praxis en mi cesárea que nunca pudimos constatar por medio de abogados, no pudimos prevenir que le pase a otras mamás” cuenta Nancy. Mientras estaba internada, su esposo fue a pedir su historia clínica y la respuesta fue que se había extraviado. Cuando pidió los últimos análisis de sangre le dijeron que volviera al otro día a buscarlos y le dieron una fotocopia. No pudieron iniciar acciones legales porque la doctora había renunciado, y la clínica no se hacía cargo ni le dio respuestas. “Nosotros averiguamos con el número de matrícula y esa mujer no aparecía por ningún lado, me hace pensar que era una trucha”.

Si bien la violencia obstétrica está contemplada en la Ley N°26485, no prevé sanciones. Recién en el 2020 una mujer pudo hacer una presentación con un pedido de reparación ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la mujer (Cedaw) de las Naciones Unidas, que se tuvo que solicitar a causa de la imposibilidad de acceder a la Justicia en el país. 

Nancy, como otras tantas mujeres, no tuvo la oportunidad de llevar su caso ante la Justicia. Intentó iniciar una causa pero no pudo avanzar porque los juicios por mala praxis necesitan una prueba muy contundente para prosperar y ella no la tenía. Ahora elige centrarse en la crianza.

Cuando sufrió las internaciones, hace seis años, Nancy estuvo más de un mes y medio sin ver a su bebé. En ese tiempo estuvo en coma, terapia intensiva y entrando y saliendo del quirófano, pero lo que ella recuerda como lo más difícil es el después. Cuenta que su hijo no la conocía, que cuando lloraba ella no sabía lo que necesitaba y no lograba hacerlo dormir. - No se daba cuenta de que yo era su mamá, eso fue más doloroso que lo físico, recuerda Nancy.

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