Para Higui la absolución

Eva “Higui” de Jesús, detenida tras haberse defendido de una violación “correctiva”, fue absuelta y la calle frente a los Tribunales de San Martín explotó de alegría. El mismo día de la tercera audiencia las organizaciones supieron que los jueces leerían el veredicto. Entonces convocaron a acompañar, y el activismo respondió. Los fundamentos de la decisión se conocerán el 25 de marzo. No hay ninguna causa judicial abierta por el ataque de odio sufrido por Higui.



Por Carolina Monteleone (Zorzal Diario y Agencia Perycia)

Fotos: Evelyn Schonfeld

18.3.2022



“‘¡Una lesbiana se defendió, se llama Higui ya tiene la absolución!”. El grito resuena en las puertas de los Tribunales de San Martín. Son las siete y media de la tarde y la calle es una fiesta.


Después de tres largas jornadasdías de juicio, el Tribunal entendió que Eva ‘Higui’ de Jesús no es culpable del delito por el cual se la juzgó. 


“Con firmeza, porque te hacen dudar de tu verdad”, dijo Higui ante la multitud que la acompañaba. “Eso fue gracias a toda la fuerza del cariño, la sabiduría, la protección, el respeto que ustedes solamente tuvieron hacia mi persona. ¡Gracias!”.



La violación que no se investigó

En octube de 2016 Higui fue víctima de una violación grupal “correctiva”, un ataque sexual que sufre una persona por su condición de género o su expresividad. Un crimen de odio.  Ese día fue a visitar a su hermana en el barrio Mariló, en San Miguel, y cuando salió un grupo de hombres la esperaba en la puerta. 

“Te vamos a hacer mujer, tortillera”, fue el grito de ataque. Mientras era agredida, Higui consiguió agarrar un cuchillo que tenía entre su ropa y se defendió de Cristian Espósito, quien estaba sobre ella. El agresor murió en el momento. Pero de eso Higui no se enteró hasta el día siguiente. Lo próximo que supo fue que estaba acusada por “homicidio simple”.

Hoy, después de seis años, obtuvo una porción de justicia: fue absuelta del cargo de “homicidio simple” de Espósito, sí, pero la violación nunca fue investigada y sus atacantes nunca fueron juzgados. Según confirmó su abogada Gabriela Conder a Zorzal Diario y a Perycia, no hay ninguna causa abierta por la violación, aunque fue Higui la que ese día de 2016 encontraron inconsciente, con traumatismos en diferentes partes del cuerpo y el pantalón y la ropa interior rotos. 


Tercer día


Es 17 de marzo de 2022. Cerca de las nueve de la mañana los familiares de Espósito, uno de los agresores, pegan carteles y se quedan del lado izquierdo de Tribunales. 


Higui llega casi media hora después, con una camisa azul a cuadros, remera con la imagen de sus perros y una pelota de fútbol. Un cordón de mujeres y disidencias la espera en la puerta. Parada frente al ascensor les recuerda a quienes la acompañan: “No anden solas, vayan de a grupos, cuidémonos entre todas”. 


Cuando llega a la Sala C, Higui y su abogada Gabriela “Chiqui” Conder entran directo. La familia del agresor, mientras tanto, espera en el pasillo: no pueden estar en la misma sala  hasta que no lleguen la fiscal Liliana Tricarico y los jueces Germán Adolfo Saint Martin, Gustavo Alfredo Varvello y Julián Descalzo. Cuando aparece la fiscal la puerta se cierra detrás de ella y la prensa vuelve a quedarse afuera como los días anteriores.


Aún así, a los pocos minutos llega la primera información: Hoy la fiscalía presentó tres testigos nuevos. Todavía falta que declare el último testigo de la defensa, el psicólogo especialista en violencia de género, Enrique Stola. 


"Lo que hice fue fundamentar que el estrés se debe a la agresión recibida y que si ella hubiese querido solo vengarse y matar y lo hubiera hecho, seguramente tendría culpa, porque no es una psicópata, y se sentiría deprimida por haberlo hecho, pero no tendría estrés postraumático. Si lo tiene, es porque fue atacada", explicó más tarde a Télam el especialista Stola, tras participar del juicio por videollamada.


Las hermanas de Higui, Taty y Mariana, y su psicóloga Raquel Desinfeld ya habían atestiguado los días anteriores. Al igual que la abogada Claudia Spatacco.


Hasta ahora el calendario del juicio sigue como al principio. La abogada de Higui pidió que los alegatos fueran el martes porque una de las testigos de la defensa estaba con coronavirus. Todavía no se sabe que el desenlace está muy cerca.


La avenida Dr. Ricardo Balbín ya está toda cortada. La radio abierta comenzó, también la olla popular: “Hoy hay guiso de lentejas”, avisan por micrófono. Del lado izquierdo de la calle las chicas ya están jugando al fútbol. 


Más tarde la gente se enteraría que, aunque no estaba previsto, Higui hoy iba a declarar. Ella quería dar su palabra. 



Cambio de planes


‘A las 17 los alegatos’. El mensaje llega a las tres de la tarde. Nadie lo esperaba. ¿Por qué se adelantaron?  ¿Habrá sentencia hoy también? Todavía no se sabe, pero la decisión es firme: el acompañamiento sigue hasta que Higui sea absuelta.


A media tarde Higui baja a la calle. Van tres días de juicio y está cansada. Aún así le pide a las chicas que empiecen con la percusión y así lo hacen. Higui baila, salta y se abraza con  quienes la acompañan. Para las cinco de la tarde, vuelve a entrar a Tribunales respaldada por aplausos y palabras de aliento. ‘Cuidense, quédense juntas’, repite. ‘No rompan nada’, pide antes de pasar por las puertas polarizadas del juzgado.


Comienzan los alegatos, primero va la fiscalía: pide 10 años de cárcel. Afuera se empieza a sumar gente, la música suena más fuerte y en una voz colectiva se escucha:


‘Higui, Higui, Higui corazón acá tenes les mostris para tu absolución’. 


La percusión no deja de sonar, la primera hora pasa, pero todavía no hay noticias. A las seis y media comienzan los alegatos de la defensa: pide la absolución. Para ese momento las personas en la calle ya comienzan a organizarse para lo que pueda suceder. Se repiten las medidas de cuidado: ‘No andemos soles. No respondamos a agresiones. Cuidémonos, esto es colectivo’. Los nervios se acumulan, no se sabe si todo termina hoy o no. La gente se contiene entre sí, se acompaña, se cuida como el primer día.



Un susurro


‘El veredicto es ahora’, son las siete de la tarde. Quienes estaban sentadxs en la calle se ponen de pie y se acercan a la puerta de Tribunales, pero dejando una distancia. El cordón de seguridad se forma frente a las escaleras de la entrada. Un semicírculo de personas espera ansiosx. Muchas emociones juntas, muchos cambios de planes en pocas horas.


Los treinta minutos que pasan hasta que se conoce el veredicto parecen mucho más largos. La arenga en la calle no para, los nervios siguen creciendo. 


Siete y media se empieza a susurrar: ‘Absolución’. Hay que preguntar dos veces para confirmar, pero sí: el veredicto final es la absolución para Eva ‘Higui’ de Jesús. La felicidad no se hace esperar, los abrazos, las lágrimas. 


“Gracias por tanto cariño y respeto”


Cuando Higui sale, absuelta finalmente, la reciben con abrazos. Está emocionada y cuando puede se acerca al micrófono, agradece y arenga: “Vamos a seguir peleando por eso, por la defensa. Vamos a sacar más pibas, más chicas trans, más chicos gays de la cárcel, ¡vamos que nos necesitan!”.


Rodeada de quienes la apoyaron, Higui también le agradeció a su abogada Gabriela por hacer que respetaran su nombre durante el juicio. “Me decían Higuis, Higuis”. Y, al igual que quienes la acompañaron durante tres días preguntó: “¿Dónde está Tehuel? Justicia para todas las pibas trans, los chicos trans, los chicos de barrio, las víctimas de gatillo fácil, que aparezcan los nietos. Basta de tanta violencia”.


Alrededor de Higui la gente aplaude. “Ahora nos vamos todes a mi casa”, invita ella por micrófono. Cuando lo deja, se da vuelta para entrar en el medio de un abrazo colectivo, ese abrazo que logró su absolución.



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