Una marica mala en cuarentena

Llegó a Londres cuando todavía el Reino Unido no se había alarmado por el Coronavirus y enseguida el sueño de viajar se le transformó en un encierro en la capital europea. Entre selfies recuerda en primera persona que lxs trans, travestis y maricas conocen bien cómo un virus ataca peor si el Estado no está presente. “¿Cuántas muertes más necesita un Gobierno para dar prioridad a las personas y no a otros intereses?”, se pregunta Ulises Rojas, un cronista de Perycia encerrado en una habitación londinense.




Por Ulises Rojas 
22/3/2020

Llegué a Londres el 10 de marzo. El día anterior en Ezeiza me sorprendió la tranquilidad de las personas y de lxs trabajadorxs. Ya en el avión me llené de alcohol en gel, una chica a mi lado me prestó toallitas desinfectantes para limpiar mi asiento. Ver personas usando barbijos no me sugestionó, ya había visto suficiente paranoia en las noticias. Aún así decidí embarcarme.

Amanecí ese martes entre la emoción de quien llega a estas tierras por primera vez y los recovecos de una palabra que nunca había escuchado tantas veces en un solo día: Pandemia. Soy masoquista, y en pleno vuelo me vi la película “Contagio”. Al contrario de lo que esperaba me resultó una producción cinematográfica muy educadora e ilustrativa de lo que sucede en estos casos.

Me encuentro nuevamente en la paradoja de escribir en forma de diario íntimo, como un “Diario de una marica mala”, mi primera novela literaria, pero ahora sobre una cuarentena. “¿Diario de una cuarentena voluntaria?”.

Recién el miércoles 18 de marzo el Primer Ministro Boris Johnson anunció que ese viernes cerrarían las escuelas. El lunes, dos días antes del anuncio, de camino al supermercado pude ver centenares de estudiantes saliendo de los institutos y camino a casa o yendo a jugar a los parques. Mientras los bares, restaurantes y demás seguían abiertos, algunos negocios tenían carteles del NHS (Servicio de salud pública de Inglaterra) en los que pedían a lxs ciudadanxs que si tenían síntomas del Coronavirus no entraran al local y se quedaran en casa.

Un poco tarde el gobierno abrió los ojos a la pandemia que acontece en todo el planeta y dejó de priorizar la economía. #UKlockdown fue trending topic en Twitter, después de que el martes 17 se anunciara que la cantidad de muertes ese día había llegado a su pico: 33 en 24 horas. Los servicios de transportes dejarán de funcionar en su totalidad esta semana. Desde el sábado, el metro de Londres cerró 40 estaciones en una búsqueda desesperada de contener la propagación del nuevo virus.

El transporte público dejará de funcionar en su totalidad recién esta semana. Hasta la semana pasada no había ninguna restricción. Foto: AP. 


El sueño de viajar transformado en cuarentena

Soy docente y me pasé un año entero ahorrando para poder hacer este viaje. Tuve periodos del año en los que trabajé dando clases en los tres turnos, o pasé meses sin cobrar un centavo. Después de muchos años de vivir en La Plata por fin me decido a hacer real uno de mis sueños de toda la vida: viajar. Mi idea: adentrarme más en el idioma y la cultura para más adelante poder trabajar aquí. Pero desde que llegué mi única salida fue hace una semana a un bar con mi pareja, para después confinarnos a la cuarentena voluntaria.

Cuando llegué, el Corona no estaba en el punto que se encuentra ahora en el Reino Unido. De hecho al segundo día pude pasear por toda la ciudad, salir a comer, comprarme ropa, disfrutar de los primeros días de mucho sol, cosa rara para el invierno londinense. El centro estaba plagado de personas comprando y deleitándose en las calles del Piccadilly Circus, una de las zonas más céntricas de la ciudad.

Lejos estaba de escucharse un “cambio de estrategia”. Se hablaba sólo de las declaraciones del consejero científico sobre crear una inmunidad al virus permitiendo que toda la población se infecte, de antiguas y retrógradas teorías –sobreviven lxs más fuertes- y de la llamada a cuarentena sólo a personas mayores de 70 años.

Una semana después lo único que escucho y leo es: Coronavirus. No tengo forma de ignorarlo, ni con las clases online de inglés, ni buscando algunx amigx que se levante temprano para charlar por whatsapp, ni en las historias de Instagram, ni por ningún medio. Intento deletrear palabras para poder conversar en esta nueva lengua, siempre tan ajena y distante para mí. Algo bueno: ahora me sé las canciones que antes cantaba sin saber qué decían.



Mi vieja me escribe todos los días, que me cuide, que no salga. De preocupada además de hipocondríaca. Ya sé cómo es con estas cosas así que sólo atino a tratar de calmarla y decirle que estoy bien. No puedo culparla, nos parecemos mucho.

¿Cómo puedo calmarla? Los días más intensos están por venir. Se especula con que la ciudad podría enfrentar un cierre total en días. Según datos oficiales, hasta el lunes son 2100 las personas que fueron diagnosticadas con el virus sólo en Londres, mientras que el total en el Reino Unido asciende a 5686, con 281 fallecimientos. Boris hace transmisiones en vivo por Youtube intentando apaciguar las aguas y se rumorea que van a cerrar toda la ciudad en los próximos días.

Solo es una gripe, mamá, le escribo.

El fantasma de un virus: nada nuevo

Desde la ventana del departamento observo a unos obreros trabajando con las bajas temperaturas de la mañana y barbijos en la construcción de un nuevo edificio. En los supermercados gente mayor con su uniforme y guantes, góndolas vacías. Después pienso en lxs amigxs en La Plata, que dependen de la autogestión para poder vivir y en el efecto que tiene todo esto para las personas que no entramos en el entramado de la cis-heterosexualidad obligatoria y del patriarcado.

¿Cómo sobrevivir? El fantasma de un virus no es nada nuevo para nosotrxs. Así como la falta de acceso a la salud. Escribo a las pibas trans, las que son trabajadoras sexuales, las que no, las que viven solas, a todas las amigas maricas, a las Drags, otra pregunta: ¿cómo haces vos? Ahora que se cerraron todos los antros, que se cayeron todas las fechas.

El fantasma de un virus no es nada nuevo para nosotrxs.

En la comunidad LGBT aprendemos pronto a convivir, a leer las situaciones de otra forma: por ejemplo con el VIH. Hartas de escuchar la desinformación al respecto y la discriminación que sufrimos como comunidad, cada vez son más las voces que salen a pronunciarse y educar. Sabemos la importancia de la intervención del Estado en la salud. La regulación de la medicación, el cuidado de un buen sistema médico, o el simple acceso. Sabemos que la ausencia del Estado en materia de salud se traduce en una sola cosa: muerte.

¿Cuántas muertes más necesita un Gobierno para dar prioridad a las personas y no a otros intereses? Para nosotras, las maricas, travas, trans, tortas, esto no es algo ni de ahora ni de ninguna otra región específica. Lo sabemos históricamente como comunidad. Me escribo con las maricas, me preguntan si en Londres está todo más complicado, “No le tuvimos miedo al bicho, menos le vamos a temer a esta gripe”, intento desdramatizar.

Mis únicas salidas en la semana fueron al supermercado. Tengo el privilegio de no tener que salir a trabajar, por ahora o por unas semanas al menos. No estoy solo, tengo un compañero que me abraza y nos cuidamos siempre, pero ahora más. Llegamos de afuera y lo primero que hacemos es entrar al baño a lavarnos las manos. Nos parece exagerado, pero lo hacemos.

Ulises en el tradicional Puente de la Torre. El gobierno británico reaccionó tarde y hasta la semana pasada la vida en Londres era normal. 


Un drama posta

El jueves 19 los bares de Crouch End seguían abiertos, con personas bebiendo y comiendo. Algunos con las mesas distanciadas, o menos personas, algunos con más. Yo con mi bolsita en mano mirando los ventanales, envidiando esa libertad, ese coraje o ignorancia, lo que sea. Estar ahí en pleno apogeo de lo que parece venir. ¿Vendrá?

Mientras tanto tendré que conformarme con la fantasía de tomarme algo en el West End y ver a las maricas excéntricas y ricas pasar imponiendo alguna nueva moda. ¿Podré brindar en el She Soho? ¿Podré escribir sobre eso? Por momentos me cuesta bastante que mi amiga la paranoia no me pase a buscar, al mejor estilo “viejo loco”, como decimos las maricas.

Por una vez en la vida no estoy haciendo drama en verdad, debe ser que esto no es un drama queen, es un drama posta y para los dramas de verdad tengo otra postura, la que tuve toda la vida desde niña marica en el norte de Argentina: resistir.

* Ulises Rojas es periodista, cronista de Perycia y autor de la novela "Diario de una marica mala"


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